domingo 7 de diciembre de 2008

RECOSTADA EN TUS RECUERDOS

Dile que la amas y no mires atrás,
que aunque claves tu mirada
en mis ojos ya no me verás...
Dile todo lo que a mi jamás,
y regresa como siempre
derrotado y silencioso.

Corre a buscar el calor en sus brazos
aunque encuentres sólo un frío atardecer,
como el frío que rodea mis sentidos
desde el día en que callaste
lo que ahora tanto quieres escuchar
de sus labios ajenos y tibios.

Y vuelve después a mi lado
buscando el calor de mis brazos vacíos;
soñándome en las noches
recostada en tus recuerdos,
abrazando el espacio perdido
que dejé en tu corazón

Háblale al oído tantas veces
como lo haces aún conmigo,
aunque no me puedas ver.
Dile que crees que la mereces,
busca en su alma cobijo y abrigo;
mientras cubres el deseo fantaseando con mi ser

Dile lo que sientes
que yo estare detras
recogiendo los pedazos
que queden de tí
volvéndote a armar,
cuidando no romperte nunca más...

viernes 7 de noviembre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO IV (FINAL)

**Leer Parte I** **Leer Parte II** **Leer Parte III**



El sol se abría paso entre las pocas nubes que se negaban a dispersarse del todo; y el día se iba despejando cada vez mas para dar paso así a un cielo claro y luminoso; después de la tormenta de la noche anterior.
Gretta miraba el panorama a través de la ventana de la cafetería. Era una espléndida mañana de sábado. Se sentía emocionada y un tanto nerviosa: al fin conocería en persona al hombre que la había hecho despertar de un letargo que le parecía eterno.
Del otro lado de la mesa, Alex la observaba atentamente. Se sentía intranquilo. No confiaba mucho en aquella relación un tanto platónica; por lo cual había insistido bastante en acompañar a Gretta a su encuentro con Demian.
- Alex, te agradezco la compañía. La verdad estoy un poco nerviosa. - Dijo ella por fin.
- Ni lo menciones. Sabes que lo hago con gusto.
Alex sonrió con gesto amable. Ella clavó su mirada en la de él. Le parecía que era la primera vez que reparaba en el intenso azul de su mirada.
"Cómo es que lo conozco desde hace tanto tiempo y jamás lo había notado?" se preguntó. La mesera interrumpió sus cavilaciones al acercarse para ofrecer mas café.

Demian conducía su automóvil por una de las principales avenidas de la ciudad. Apenas si se concentraba en el camino. Su mente divagaba entre la voz de Gretta y la ansiedad que le producía el encuentro con ella. De repente, las voces se confundían. Los recuerdos de una mala experiencia volvían a aferrarse en su cabeza. Sacudió los malos pensamientos para enfocarse en su amada.
Dio vuelta a la izquierda y estacionó frente a la cafetería.

Gretta vio a través del cristal, un auto estacionando en la acera de enfrente. Su corazón se aceleró.
Alex notó lo que pasaba, llamó a la mesera y pagó la cuenta. Ambos salieron.
Demian bajó del auto y enseguida reconoció a Gretta. Se saludaron un tanto nerviosos; y después de las presentaciones, Alex abrazó a Gretta y le dijo al oído:
- Si me necesitas, solo tienes que llamar.
Ella asintió con la cabeza y él se alejó caminando.

-Y bien, ¿ahora sí me dirás tu nombre, G? - preguntó Demian sonriendo.
Gretta lo miró. Tenía la sensación de haberlo visto antes. Su rostro, su voz, ahora le parecían familiares. Supuso que era porque de alguna manera estarían predestinados el uno para el otro.
- No - contestó - hasta que lleguemos a nuestra cita.
Demian rió.
-De acuerdo, me parece bien - contestó abriendo la puerta del auto e invitándola a subir.
- Tomaremos la autopista - dijo él mientras encendía el motor. - Conozco una zona boscosa no muy lejos de aquí. Te va a gustar.

Durante el camino, la tensión se fue rompiendo, mientras platicaban amenamente de diversos temas. Faltaba poco para llegar, cuando la conversación se tornó algo seria.
- Sabes, G, a decir verdad, solía evitar los días de campo. Pero siento que contigo es diferente.
- ¿Qué pasa? - preguntó ella, en tono irónico - ¿No te agrada estar en contacto con la naturaleza?
- No es eso - contestó reservado - Pasa que me traen malos recuerdos.
La verdad era que a ella también le traían muy malos recuerdos; sin embargo, anhelaba superar todo aquello.
- Me quieres contar? - preguntó Gretta, después de un momento de silencio.
Demian dudó un instante; pero sentía la necesidad imperiosa de ser completamente honesto con ella. La amaba profundamente y lo menos que deseaba era empezar la relación con secretos o mentiras.
- Pues bien; sucedió hace algunos años. Yo era un chiquillo irresponsable, y llevé a mi novia de día de campo. Tuvimos un pequeño altercado en el auto, nos salimos del camino y ella cayó al lago. Murió instantáneamente. - Su voz se quebraba, las imágenes regresaron como si hubiera sido el día anterior.
Gretta se quedó pensativa e intentó conservar la calma.
- ¿Hace cuánto pasó eso? - preguntó temerosa de la respuesta.
- Hará ya unos diez años. Fue en Europa. Estudiábamos en un internado... No sabes cómo me he atormentado por ello. Casi no he tenido un momento de paz desde entonces.
Gretta se sintió desvanecer.
- ¿Quieres orillarte, por favor? no me siento muy bien.- dijo, cerrando los ojos y apoyando la cabeza sobre su mano.
- Claro - contestó el, girando el volante - ¿Estas bien? ¿Que te pasa?
El auto se detuvo y ella respiró profundamente. Después de diez años, por fin había llegado el momento. No podía creer que las cosas hubieran pasado así. Aquella serie de casualidades...Intentaba controlarse pero le era demasiado difícil; se preguntaba por qué tenía que ser él...precisamente él...
Demian la veía cada vez más pálida; y cuando ella empezó a temblar, se preocupó aun más.
- Sabes, creo que lo mejor es regresar para que te vea un médico. No te ves bien, y no podría soportar que algo malo te pasara.
Gretta se volvió hacia él, con la mirada llena de furia.
- ¿Eso le dijiste también a ella? - preguntó enérgica
- ¿A que te refieres? - Demian no entendía lo que pasaba en lo absoluto.
- Debbie. ¿También a ella le dijiste que no soportarías que le pasara algo malo?
Demian se quedó de una pieza. Hacía tanto que no escuchaba mencionar ese nombre. Se había prohibido incluso a sí mismo siquiera pronunciarlo. Quiso hacer muchas preguntas pero se quedó inmóvil, en silencio, sorprendido y a la vez bastante asustado.
- Me preguntaste mi nombre. Pues bien, mi nombre es Gretta. ¿Te dice algo? ¿O también se te olvidó todo el daño que me hiciste, DIEGO?
Él empezaba a atar cabos, su mente era un lío. Sólo atinaba a negar con la cabeza e intentar en vano contener las lágrimas que comenzaban a deslizarse por su rostro. Salió del auto, apresurado. Necesitaba aire fresco, quería despejar sus pensamientos.
- ¿Tú lo planeaste?...- preguntó él - ¡Dime que no lo hiciste! ¡Dime que todo esto que sentimos no fue parte de una venganza tuya!
- ¡Por supuesto que no! ¡Me acabo de enterar de quién eres, al igual que tú!
Diego se acercó a ella y la tomó por los brazos.
- Gretta, tienes que comprender, éramos unos niños...- la soltó bruscamente y se volvió hacia el otro lado, pasando sus manos por la cabeza una y otra vez. Estaba completamente fuera de sí, y ella lo sabía.
- Diego, quiero que me digas exactamente qué fue lo que pasó. Yo sé que no fue un accidente, pudiste engañar a todos, pero sé que hay algo más. Dímelo ahora.
Él guardó silencio. Gretta se puso frente a él, y mirándolo a los ojos le gritó:
- ¡Me lo debes! Por tu culpa mi hermana está muerta; he pasado los últimos diez años preguntándome por qué. ¡Dímelo!
Diego tomó aire. Respiró pausadamente, se sentó en el suelo, y explicó:
- Íbamos por la carretera. Yo conducía y tomaba unas cervezas. Empecé a acelerar. Me pareció divertido, al principio. Pero Debbie se asustó. Me suplicó, me gritó que frenara, pero en lugar de eso, aceleré aun mas. - se cubrió el rostro con las manos, sollozaba y esta vez no hizo intento alguno por contener las lágrimas. Hizo un esfuerzo y continuó.
- Estaba tan alcoholizado...Quería molestarla, asustarla un poco solamente. Tomé mal una curva; iba demasiado rápido. Nos salimos del camino y el auto se estrelló contra un árbol. Y ella...Debbie...tu hermana, salió proyectada hacia el lago...
Gretta escuchaba atenta, y cuanto mas escuchaba mas se llenaba de ira y de rencor.
- ¿Por qué nunca dijiste nada? ¿Por qué fuiste tan cobarde?
- ¡Porque te amaba Gretta! - confesó mirándola de frente - Siempre te amé. Siempre fuiste tú y no ella.
- ¿Qué estas diciendo?- preguntó incrédula - ¿Qué estupideces dices?...si no hacías mas que molestarme, humillarme... ¡Siempre me odiaste y jamás supe por qué! - dijo sentándose frente a él.
- Sí, es verdad. Y lo hacía porque no soportaba la idea de haberme enamorado de ti. No me lo perdonaba, me confundía. Y todo eso lo reflejé hacia ti.
- No entiendo nada. - dijo ella, sintiéndose confusa.
- Gretta, de toda la escuela eras la única que jamás me prestó atención. La única que ni siquiera me miraba, o me miraba desde arriba. Eras inteligente, reservada, un tanto misteriosa. Me enamoré de ti, y Debbie fue solo el medio que encontré para que me notaras....Jamás me imaginé que todo terminaría así...
Gretta se puso de pie. No quería seguir hablando con él. Se sentía asqueada, tan llena de odio como jamás había estado en su vida. Ni siquiera cuando enterró a su hermana.
Comenzó a caminar de regreso a la ciudad. Diego corrió para alcanzarla.
- Espera, no te vayas. Escúchame...
- Creo que ya escuché suficiente.- dijo secamente. - Comprenderás que después de todo esto, nada puede haber entre nosotros. No quiero volver a saber de ti.
- Lo entiendo. - contestó él, en tono muy bajo - Solo quiero que sepas que has sido el único amor de mi vida. Y si no podemos estar juntos, la verdad no le veo sentido a seguir viviendo.
Gretta recobró por completo su firmeza.
- Ese es problema tuyo. - dijo mirándolo fijamente. - créeme que si te mueres, le harías un favor a la humanidad. Y si decides suicidarte, será quizás, la única decisión sensata que hayas tomado en tu vida. Un acto de justicia.
Diego se hizo a un lado y ella siguió su camino. Estaba completamente devastado. Las palabras de Gretta resonaban profundamente. Cada una de ellas haciendo una herida letal.
Al final, decidió que ella tenía razón. Hace diez años, sus padres habían impedido que se hiciera justicia. Ahora ya nada lo detenía.
Y mientras la observaba alejarse en aquella desierta carretera, tomó la decisión más sensata de su vida.

**Aunque parezca increíble, no he contado ahora un cuento; sino un sueño que tuve en una de tantas noches en la cual el subconsciente se regodeó con cada imagen, cada detalle y cada palabra..Una de esas noches en las que la "memoria se transforma en un sueño alucinante..."**

miércoles 22 de octubre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO III

PARTE III DE IV: EL ENCUENTRO


- Gretta...¡Gretta!
El sobresalto la hizo volverse hacia donde provenía la voz que la llamaba.
- Discúlpame, Liz, me distraje - contestó un tanto confundida.
- ¿Qué te pasa?, has estado muy distraía estos días.
- Perdón es que...hoy se cumplen diez años de la muerte de mi hermana y estoy un poco nostálgica.
Gretta se quedó pensativa un momento. ¿En realidad había pasado tanto tiempo? Diez años ya, sin saber a ciencia cierta lo que le pasó a Debbie.
Miró a su alrededor. A sus casi 30 años, tenía más de lo que alguna vez soñó tener: su propio negocio de diseño gráfico, un lindo departamento, buenos amigos, y una imagen muy distinta a aquella chica tímida y regordeta que se escondía detrás de sus anteojos.
- Gretta, escucha, hemos sido amigas, vecinas y ahora hasta socias desde hace muchos años, y a pesar de lo que has logrado, nunca te he visto del todo feliz. ¿Por qué no tratas de olvidar el pasado? Eres una mujer inteligente y muy atractiva. Podrías salir con alguien, por ejemplo, tú sabes que Alex siente algo por ti. ¿Por qué no le das una oportunidad?
Gretta sonrió. Alex era, al igual que Liz, su vecino en el edificio de departamentos. Era un chico inteligente, noble y muy bien parecido. Siempre fue incondicional y ella sabía que él sentía algo más que una simple amistad.
- Sabes, Liz, Alex me gusta, pero no sé si deba...es decir, no estoy segura de poder corresponderle como se merece. Quizás, en otras circunstancias...
- Quizás si no te ataras tanto al pasado, podrías darte la oportunidad con él o con cualquier otro- la interrumpió su amiga, dando un último sorbo a su café y al mismo tiempo incorporándose para salir.
- En fin, mientras tanto, mejor apúrate, tenemos que abrir ya la oficina.
Gretta pagó la cuenta y salieron apresuradas de la cafetería.

***

Gretta trabajaba en su computadora cuando le apareció un pequeño mensaje en la pantalla: "Demian le ha agregado a sus contactos". Ella se intrigó. Se preguntaba quién podría ser. No pudo con la curiosidad y aceptó agregarlo también. Enseguida, se abrió una ventana de conversación.
- Hola - se leyó. - Disculpa, ¿eres Gertrudis?
Gretta sonrió haciendo una mueca de confusión.
- No - escribió ella. - ¿Cómo es que tienes mi correo?
- Perdóname - contestó - estoy metido en un chat (mi primera vez, tú sabes), estaba charlando con una chica y me dio este correo para conversar por aquí.
- Pues te lo ha dado mal - continuó Gretta - Mi nombre empieza con G, pero si fuera Gertrudis, consideraría seriamente cambiarlo por otro.
Demian rió. Sentía cierta atracción por esta nueva amistad. Se sorprendió. Habían sido solo dos o tres palabras y sin embargo, sentía como si la conociera de toda la vida.
- Sabes, G, me caes bien. ¿Qué te parece que aprovechamos esta confusión para conocernos un poco mas?
Gretta lo pensó un poco, recordando las palabras de Liz esa misma mañana. "Darme una oportunidad..." pensó, "¿ Por qué no?".
- Bien, me parece bien.
- Entonces - contestó Demian. - Brindemos por Gertrudis y su error ortográfico, que nos permitieron encontrarnos.
Gretta rió. Hacía mucho que no se sentía tan bien. Charlaron durante un largo rato, sin siquiera decirse sus nombres; ambos estuvieron de acuerdo en que sería mas divertido así.
De regreso en su departamento, Gretta no podía dejar de pensar. Demian era encantador, divertido, educado. Compartía su gusto por la lectura, incluso, el "nickname" lo sacó del personaje central de su libro favorito: "Demian", de Hermann Hesse.
Estando a punto de dormirse, Gretta reparó un segundo en que aquel día empezaban a soltarse las cadenas que la ataban a un pasado incierto. Se sintió más liberada.
"ojalá que nunca pierda esta sensación" pensó, mientras cerraba sus ojos.

***

A medida que pasaban los días, las semanas, a Gretta se le notaba un semblante muy distinto. Se veía más feliz, más desenvuelta y optimista.
Pasaba mucho tiempo en su computadora charlando con Demian. Incluso, intercambiaron números telefónicos y por las noches, ella siempre recibía una llamada de él para desearle un buen descanso. Así pasó un tiempo hasta que un día, Gretta no podía creer lo que leyó en la ventana de conversación:
- G, no vas a creer lo que te voy a decir; jamás pensé que fuera posible, pero a pesar de que nunca te he visto y que ni siquiera sé tu nombre, te has vuelto realmente indispensable en mi vida.
Ella quitó las manos bruscamente del teclado y miraba atónita la pantalla.
- G, te amo. Estoy perdidamente enamorado de ti.- leyó.
Gretta se cubrió el rostro con las manos. No lo podía creer. Sin embargo, ella sentía exactamente lo mismo por él.
- ¿Estás ahí?- preguntó Demian. - ¿o le estoy declarando mi amor a una silla vacía?
- Estoy aquí. - escribió ella, nerviosa. - Es que, me has dejado sin palabras.
Demian se inquietó un poco. "Quizás me equivoqué en decírselo así", pensó. Lo último que quería era que ella se sintiera incómoda y se alejara de él. No podría soportarlo. Después de tanto tiempo había encontrado por fin a la mujer de su vida, y ahora temía tanto perderla....
- Bueno, dime, ¿qué piensas? ¿te molestó lo que te dije? - se atrevió él a preguntar.
- No, claro que no. es que...bueno, yo siento lo mismo por ti - contestó ella, tímidamente, mordiéndose los labios mientras tecleaba su respuesta.
Demian dejó ir un enorme suspiro, sonrió, se levantó y caminó un poco de un lado a otro, mientras cerraba sus ojos y agradecía a Dios por aquel encuentro.
- G, tenemos que vernos. - dijo por fin.
- Sí, está bien, pero, dame un poco de tiempo, ¿de acuerdo?
- Por supuesto, creo que ha sido un tanto sorpresivo para ambos. Hay que digerirlo bien. - contestó él, cauteloso.

***

Alex escuchaba a su amiga con atención, aunque sentía que por dentro algo se desgarraba lentamente. Había seguido de cerca toda esta historia de amor, entre Gretta y su ¿cómo llamarlo?, "¿amigo imaginario?"... No, era real. Muy real. Tanto que la había hecho cambiar de la noche a la mañana. En poco tiempo Demian había logrado lo que él no pudo en tantos años: conquistar el corazón de Gretta.
- Sabes, no quiero echarte a perder tu momento, pero...¿estás segura?...digo, no lo conoces, no sabes ni su nombre ¿cómo puedes saber que no es un delincuente, asesino, violador, estafador o algo por el estilo?
Gretta rió.
- Alex, qué dramático lo pintas. - Cambió la expresión a seriedad absoluta y continuó. - No, nada de eso. Confío en mi intuición. En primer lugar ya estoy grandecita como para dejarme llevar fácilmente; y en segundo lugar, siento como si lo conociera desde siempre. Es difícil de explicar, pero... sé que es el indicado.
Alex guardó silencio. Le dolía en el alma no ser correspondido, pero sabía que lo mejor era dejar las cosas como estaban. Lo importante es que ella fuera feliz. Sin embargo; la desconfianza que sentía era bastante fuerte, de manera que decidió dejar que los acontecimientos se dieran, permaneciendo siempre alerta y sobre todo, muy cerca de ella por si lo necesitaba. Le sonrió, la abrazó fuertemente y le deseó que por fin pudiera ser feliz, mientras contenía el dolor de saberla perdida.

Liz, por su parte, estaba igual de emocionada que Gretta. Era su mejor amiga, y si algo le dolía era verla siempre pensativa, cautelosa, desconfiada. Ahora por fin empezaba a florecer la verdadera Gretta: alegre, espontánea, optimista, ilusionada. Lo veía en su mirada. Sus ojos tenían un brillo muy distinto. Lo único que no le parecía justo era ver a Alex un tanto apesadumbrado. Esperaba que no lo tomara tan mal y confiaba en que el tiempo sabría curar sus heridas. Mientras tanto, animaba a su amiga a seguir adelante y le pedía siempre disipar cualquier duda.
- Libera tu carga ya - le dijo una tarde - Es tiempo de que pienses un poco más en ti misma.
Gretta tomó el consejo, y llamó por teléfono a Demian para concertar una cita.
- ¿Qué te parece si hacemos un picnic? - le preguntó él. - Pienso que sería divertido conocernos rodeados por la naturaleza, después de pasar tanto tiempo encerrados conversando en el chat.
- Me parece bien. ¿El fin de semana, entonces?
- ¡por supuesto! - contestó él, sumamente emocionado - Dime en dónde me esperas y yo paso por ti.
Gretta le dio la dirección de una cafetería cercana a su casa y ambos quedaron de acuerdo en el día y la hora. Demian se sentía ansioso y Gretta no cabía en sí de la felicidad. Por fin se conocerían en persona después de tanto tiempo.
Gretta miraba la fotografía de su hermana. "¿Será él?", pensaba, "¿Será el indicado?". Un viento frío se coló por la ventana semi-abierta de la sala. "Sí, tiene que ser él", sonrió. Volvió la vista hacia el cielo y rogó para que el sábado fuera un día espléndido, mientras cerraba la ventana al ver los negros nubarrones de tormenta que se amontonaban amenazantes en el horizonte.

lunes 6 de octubre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO II

PARTE II DE IV: AQUELLAS NOCHES DE INSOMNIO

Las voces resonaban como un eco lejano en la cabeza de Gretta. De repente perdió la noción del tiempo. ¿Cuánto habrá pasado así, inmóvil, sentada en la misma silla con la vista fija en aquella pared?...ni ella lo sabía. La realidad la golpeó con fuerza.
- Entonces, Gretta, sabes que todo ha sido un fatal accidente. ¿Tienes algo más que agregar? - preguntó la Directora, deseando con toda el alma que la respuesta fuera negativa para dar por terminado de una vez este embarazoso asunto.
Gretta calló un momento. tomó un poco de aire, e intentó serenarse para no gritarles lo que de verdad pensaba.
- En realidad sí - dijo, volviéndose al oficial de policía que se encontraba también en la habitación. - Discúlpeme, pero no me explico cómo es posible que hayan encontrado el cuerpo de mi hermana en el lago, a varios metros de donde se supone que iría, y me diga que se ahogó porque no supo llegar a la orilla. Perdón, mi hermana era una excelente nadadora; de manera que su teoría del accidente no me cabe en la cabeza...por otra parte, Diego no ha dicho nada; y su automóvil tampoco lo hemos visto por aquí. ¿No cree, oficial, que no despeja todas las dudas al respecto?
La Directora se sentó nuevamente detrás de su escritorio, pensativa. El oficial de policía respiró profundo y se frotó la nuca.

- Señorita - dijo por fin el oficial - es que llevamos casi un mes investigando el caso y todo apunta a que fue un accidente. Quizás su hermana se sintió mal y por eso no pudo llegar a la orilla; los factores son muchos y variados, ¿me comprende?...y el joven Diego, pues está bastante consternado...
- El joven Diego es un cobarde, pero un cobarde influyente, por eso jamás va a dar la cara, y por eso también es que les urge cerrar el caso. - interrumpió Gretta en tono enérgico.
Se levantó y caminó con paso firme hacia la puerta.
-Despreocúpense - dijo sin volverse a mirarlos. - Por mi este caso está cerrado...por mi...lo está.
Dicho esto, tomó la maleta que tenía ya lista en la entrada, y salió apresuradamente, para nunca regresar.

***

Gretta se sumergía en sus recuerdos una y otra vez, intentando darle algún sentido a todo lo que había pasado. Repasaba desde el instante en que vio a su hermana sonriendo, agitando la mano diciéndole adiós, con el viento revolviendo su cabello.
Había un espacio en blanco, pasaba al momento en que le informaban que habían encontrado muerta a Debbie en el lago, cerca de la orilla del prado en el que estaba; y terminaba la memoria en la morgue de la ciudad, reconociendo el cuerpo inerte de su hermana.

"Estaba tan pálida..", pensaba, "no podía creer que fuera ella..."
- Señorita - interrumpió la sobrecargo del avión - ¿Quiere por favor abrochar su cinturón? estamos por aterrizar.

Gretta salió del aeropuerto de Nueva York haciendo una promesa a su hermana y a sí misma. De ahora en adelante, sería quien siempre debió haber sido. Estaba convencida de que la muerte de Debbie no sería en vano; sin embargo, no pensaba malgastar su vida en una venganza sin sentido. Decidió que sería mejor invertir su tiempo en fortalecer su cuerpo, alma y mente.
"Cuando el momento llegue, estaré preparada", se decía a sí misma.

***

Al entrar en el departamento que sería su hogar, sintió un escalofrío. Era un lugar agradable; pequeño, pero tan vacío que lo hacía parecer enorme.
"Tan vacío como yo", pensó Gretta, sintiéndose cada vez mas sola al darse cuenta de que la única familia que tenía se había desvanecido ya; tan fugazmente que apenas si se percató.

Se acercó a mirar la ciudad por la ventana principal; se alegraba de haber podido invertir lo poco que le quedaba de la herencia de sus padres en un lindo lugar para vivir. Definitivamente no era Manhattan, pero se sentía mas tranquila sabiendo que no estaba en el Bronx.

A la mañana siguiente se presentó muy temprano en su trabajo. Su tía, compadeciéndose de la situación, tuvo a bien recomendarla con unos conocidos que tenían una pequeña imprenta. Trabajaría como recepcionista y quizás no ganara demasiado, pero le tranquilizaba pensar que el horario le permitiría cursar una carrera corta. Ese mismo día se inscribió en una escuela para estudiar diseño gráfico, y al anochecer, desahogaba un poco sus complejos en un gimnasio cercano a su casa.


Tenía su vida planeada de manera que no le quedara mucho tiempo libre; pues lo que menos quería era hundirse nuevamente en el pasado; que para ella significaba ir cayendo en un abismo que jamás tiene final.

Aún se estremecía por las noches. A menudo, incluso, escuchaba a lo lejos la voz de Debbie, como en un susurro. Otras veces, percibía su olor, su esencia; tan cercana y estrechamente que casi la podría tocar.

Gretta no creía en fantasmas, pero sí en el poder del subconsciente. Sabía que aquellas sensaciones no eran otra cosa, sino el deseo latente por saber lo que en realidad pasó.
Por más que quisiera intentarlo, no podía dejar todo atrás.

- Debbie, ya no sé que hacer...- musitó a la fotografía de su hermana, en una de tantas noches de desvelo por no poder huir del insomnio que incesantemente se apoderaba de ella. - Intento dejarte ir...realmente quiero hacer mi vida...¿Qué mas que quieres de mi?...

El buen Morfeo por fin reparó en ella; y Gretta se durmió, deseando que esas noches fueran tan cortas, que pasaran en un suspiro.

jueves 25 de septiembre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO

PARTE I DE IV: "...Y FUE LA ULTIMA VEZ..."

El viento soplaba un poco mas frío que de costumbre, y Gretta pensó que ya era tiempo de regresar a su cuarto.
Llevaba ya algunos años sumergida en sí misma, entre los fríos muros de un enorme y prestigioso internado europeo.
Gretta era mas bien del tipo retraído. Sus gruesos anteojos ocultaban unos grandes y expresivos ojos color miel, pero también disimulaban la soledad y la tristeza en su mirada. El cabello siempre recogido. Era un tanto regordeta y solía vestir bastante recatada. A pesar de su gran inteligencia, su popularidad iba cada vez peor; de manera que durante las tardes y los fines de semana prefería pasar las horas acompañada por las letras de Herman Hesse, Oscar Wilde o Edgar Allan Poe; en lugar de compartir su tiempo libre con algunos de sus compañeros de clase.

Su hermana Déborah, por otra parte, parecía tener toda la gracia, belleza y carisma que la naturaleza le había negado a Gretta. Era una joven extrovertida, noble, alegre y bastante popular. Su cabello largo y ondulado, sus ojos verdes y su sonrisa encantadora conquistaban a cualquiera. Adoraba a Gretta, a pesar del trabajo que le costaba comprenderla.
Había intentado en numerosas ocasiones hacerla cambiar; pero por más que le aconsejaba ser sociable, el resultado era siempre el mismo: un gesto de agradecimiento, un comprometido abrazo y todo seguía igual.

Los problemas comenzaron cuando Déborah se enamoró perdidamente de Diego; un estudiante del mismo internado, hijo de un político influyente y que tenía la fama de ser un vago, mujeriego e irresponsable.
Gretta le advirtió a su hermana sobre el peligro que corría si se aferraba a dicha relación.
- Debbie, no creo que esta vez debas confiar en tu instinto.- Le dijo preocupada un día. - sabes que el tipo ese no es de fiar.
- Sabes, Gretta - contestó despreocupada - yo creo que deberías dejar de preocuparte tanto y comenzar a vivir de verdad.
- Aunque lo intentara, tu noviecito no me dejaría en paz - dijo Gretta, molesta - ¿No te das cuenta de que cada vez que me ve me molesta? ¿No lo notas o es que no quieres notarlo?
Debbie se quedó callada un momento. Pensaba que su hermana tenía algo de razón; pues desde tiempo atrás Diego parecía haberse ensañado con ella. Se burlaba, la ridiculizaba frente a todos o le ponía apodos humillantes.
Al menos para Gretta, la situación empezaba a desesperarla demasiado. No quería entrar en confrontaciones, por no causarle un disgusto a su hermana, pero a la vez pensaba que Diego se estaba saliendo de control y a partir de entonces, podría pasar cualquier cosa.
Esa tarde, fría y ventosa, Gretta regresó a su habitación con un sentimiento de ansiedad bastante extraño. El mismo sentimiento que la invadió unas horas antes de que sus padres murieran en un fatal accidente de avión.
- Dios, no permitas que pase de nuevo...- murmuró sollozando, en medio de la oscuridad de la noche, mientras sus ojos se cerraban lentamente.

***

El año escolar se terminaba. Las cosas se habían vuelto insostenibles para Gretta. Diego estaba cada vez mas insoportable e insolente. La insultaba, y a ella le era ya casi imposible salir siquiera de su habitación para no exponerse a topárselo en algún pasillo y ser el blanco de sus burlas. Debbie prefería mantenerse un poco al margen; pensaba que Gretta exageraba en sus apreciaciones; pues Diego siempre se cuidó de no hacer nada indebido mientras estuviera su novia presente.
Debbie estaba demasiado enamorada. En una ocasión, Gretta estalló, y con lágrimas en los ojos le rogó, le suplicó a su hermana que terminara su relación con aquel que la hostigaba constantemente. Ella se negó. Lo amaba demasiado.
- Si realmente es tanto como dices, ¿por qué no has hablado con la directora para que detenga esta situación?, - preguntó Debbie con sarcasmo.
- ¿Piensas que no lo he hecho?, - contestó Gretta desesperada. - la familia de Diego es muy influyente; su nombre pesa demasiado aquí. Prácticamente son ellos quienes sostienen esta Institución, ¿qué crees que podría arreglar?
Debbie guardó silencio. Empezaba a pensar que su hermana le tenía envidia, como Diego aseguraba. Comenzaba a "darse cuenta" de que lo único que buscaba Gretta era separarlos. Había una confrontación en su interior; pues a pesar de ser la menor, siempre sintió la responsabilidad de cuidar de su hermana, y desde que sus padres murieron, quedaron únicamente al cuidado de una tía lejana; quien para quitarse el problema de encima, les internó en un colegio. Debbie sentía que siempre fue ella la fuerte, la sensata. Gretta a menudo, se perdía en sus pensamientos, y no era común contar con ella para muchas cosas. Sin embargo, ahora sentía que se hundía en un mar de dudas.
Ahora Debbie se había distanciado un poco de su hermana, pues su noviazgo y los estudios le dejaban poco tiempo. Esto, sumado a los malos consejos que recibía de Diego constantemente había derivado en un alejamiento con la única familia que tenía.
A Gretta, por su parte, solo se le veía de vez en cuando en los jardines del colegio. Optó por simplemente retirarse; pues sabía que si enfrentaba a Diego, quien saldría mas lastimada sería su hermana. Sin embargo; anhelaba que el año escolar terminara. Para entonces tendría ya su mayoría de edad, y nada le impediría marcharse a donde sea, si lo deseaba, con tal de vivir tranquila. Y es que el acoso de Diego era tal, que Gretta incluso pensaba que estaría mejor muerta.
Cuando el fin de cursos llegó por fin, en una espléndida mañana de domingo, Debbie se despedía de su hermana. Diego la invitó a un día de campo en uno de los prados cercanos a la escuela. Gretta le pidió que no fuera. Tenía nuevamente ese mal presentimiento.
- Gretta escúchame, nada pasará. Sé que no ha sido fácil para ti pero quiero que sepas que te quiero. Y que haré todo lo que esté en mis manos para que tú y Diego se lleven bien.
Abrazó a su hermana y le dijo al oído.
- Es el amor de mi vida, y deseo con toda el alma que las dos personas que mas quiero estén siempre cerca de mi.
Dicho esto, Gretta prefirió guardar silencio. No sería ella quien le arruinara el día.
- No te preocupes - dijo, ahogando un sollozo - Todo estará bien. Pase lo que pase, tú serás feliz.
Se despidieron sonriendo, y Debbie subió al auto convertible de Diego, con una expresión de inmensa felicidad en el rostro. Cuando arrancaban, ella se levantó y se volvió hacia su hermana, agitando la mano diciéndole adiós.
Fue la última vez...

viernes 4 de julio de 2008

EL PEOR ENEMIGO II

**EL PEOR ENEMIGO PARTE I**

Hola..

Hoy he venido a dejar una florecita en tu tumba. Hace meses que no lo hago. De hecho cuando te fuiste, me senti muy molesta, supongo que es la reaccion natural. Dicen que cuando alguien muere, los que nos quedamos a menudo nos enojamos porque sentimos que nos abandonan; pero no es así.
Durante mucho tiempo preferi no pensar. No pensaba en tí. Y cuando por casualidad algo o alguien me recordaba aquella época que compartimos, solía mirar para otro lado, porque a pesar de todo, aún te extraño a ratos.
No he llorado. A la gente buena se le llora, incluso se le reza; pero tú fuiste bueno a medias y cuando te convino. Aún así, me regalaste muy buenos momentos, los cuales por supuesto que agradezco y guardo en algún lugar muy pero muy profundo....en donde ni yo misma los pueda traer de vuelta.
No rezo por tí....de hecho casi nunca rezo. No lo hago porque sé que lo más seguro es que tu alma no se encuentre precisamente en el cielo...aunque a veces te pueda parecer que sí.
Me han pasado muchas cosas. La principal y la mejor de todas, es que ya no tengo que usar esas enormes gafas oscuras y que llego al trabajo sin moretones ni marcas de golpes. Nadie me envía mas ramos de flores a manera de disculpa, y créeme que no los extraño. Me he dado cuenta de lo importante que es estar en paz con una misma y con los demás...hasta con la gente como tú...hasta con los muertos. De ahí la necesidad de venir hoy a visitarte. Sé que tal vez no tiene sentido, pero para mí lo tiene. Guardé sentimientos negativos durante bastante tiempo y hoy quiero liberarlos. Hoy dejo atrás toda esa mala vibra, y parte de este "tratamiento" es venir a decirtelo.
Quizás fuiste de lo mejor y de lo peor que se ha cruzado por mi vida...no me voy a poner a meditarlo. Me quedo con alguna que otra frase...con algún lindo y divertido fin de semana de los pocos que tuvimos...con las risas que arrancabas cuando estabas de buenas. Con lo demás no me quedo porque francamente lo considero un abuso.
En fin...te dejo la florecita. La oración te la debo...esas son para los vivos, para quienes de verdad la necesitan. Quizás dentro de un año regrese a visitarte...tal vez ya no lo haga ya jamás. De cualquier modo, te he dicho hoy lo que guardaba, y aunque no me escuches, o finjas que no te das cuenta, como tantas veces lo hiciste en vida, solo me interesa que lo sepas....

Estamos en Paz...

jueves 22 de mayo de 2008

LA PRINCESA DE LAS ALAS ROTAS

En un mundo lejano, en las profundidades del universo, habitaba una raza de seres alados muy parecidos a los ángeles, pero con características humanas.

Su planeta se dividía en grandes, impresionantes y majestuosos reinos. El reino más rico y poderoso era gobernado por un rey que se distinguía por su fortaleza y la nobleza de su corazón.

Cierto día este reino estuvo de fiesta: la pareja real por fin había logrado ser padres. Una hermosa princesa llegó para alegrar su vida y suceder en el trono a los gobernantes. Al correr de los años, sin embargo, se dieron cuenta de que la princesa, a pesar de poseer un hermoso y sano par de alas, no podía volar.
El rey, preocupado, mandó traer a los mejores y más poderosos hechiceros, brujos y curanderos del reino y de los alrededores. Todos llegaban al palacio con una sola misión: hacer que la princesa pudiera volar. Sin embargo, todos salían de allí con las manos vacías; pues por mas esfuerzos que hacían, jamas lograban que la hermosa doncella despegara los pies del piso.
La joven fue creciendo y por todos los reinos se extendió la historia de la "princesa de las alas rotas"; quien se pasaba los días enteros encerrada en el palacio.

La princesa pasaba las horas en los jardines, leyendo libros, echando a volar por lo menos su imaginación. Se decía a sí misma que la gente mentía al decir que era la princesa de las alas rotas...pues ella se sentía mas bien la princesa de los sueños rotos. Y es que deseaba tanto poder volar...sentir la brisa del cielo en su rostro y contemplar el reino desde las alturas. Anhelaba aquella sensación de libertad que jamás había experimentado...y así, veía pasar el tiempo, sintiendo cómo la vida se gastaba minuto a minuto entre aquellos enormes muros.

Llegó hasta aquel reino un joven príncipe, atraído por la historia de la princesa que no podía volar. Algo en su interior le gritaba que era ella quien se adueñaría de su corazón y con quien pasaría el resto de sus días. De manera que, al llegar al palacio, le presentó sus respetos al rey, pidiéndole atenta y humildemente visitar con frecuencia a su hija. El rey consideró que un poco de compañía le vendría muy bien a la princesa y accedió gustoso a la petición del muchacho.

El príncipe, entonces, visitaba a su princesa cada día, sin faltar uno solo. Paseaban por el jardín, platicaban de muchas cosas, reían y se divertían juntos. Ambos se enamoraron profundamente y a pesar de las dudas de ella, decidieron que se casarían.
La princesa, sin embargo, lloraba a menudo muy amargamente; pues no quería condenar al príncipe y a su descendencia a una vida miserable y confinada a tierra, como la que ella había llevado. De manera que habló con su prometido planteándole la idea de romper el compromiso. El príncipe se quedó un momento pensativo y le dijo:
- Si tú pudieras volar...¿te casarías conmigo?
A lo que ella respondió que sí. El joven entonces, le sonrió tiernamente, la tomó de las manos y le pidió que se lo dejara todo a él.
Al día siguiente, el muchacho se presentó con el rey, y le pidió dejarle intentar que la princesa volara.
- Será inútil - contestó el rey - ni los mejores hechiceros han podido hacerlo, pero si ella lo autoriza, tienes mi permiso.
El príncipe entonces, se dirigió hacia su prometida y le preguntó si confiaba en él. Ella sin dudarlo, dijo que sí. El príncipe entonces la tomó entre sus brazos y la llevó a la cima de la montaña más alta. Y estando allí los dos, el príncipe le dijo:
- Si me amas, tienes que dejar de ser la princesa de las alas rotas. No te quiero perder, tú sabes lo que tienes que hacer.
Y diciéndole esto, la puso de espaldas a él y de frente al precipicio. Ella, aún confundida no sabía lo que su amado pretendía hacer. Él se acercó susurrándole al oído:
- Ahora quiero que dejes de confiar en mí...debes confiar solo en ti...debes confiar en tus alas...
En ese momento él puso su mano sobre la espalda de ella y la empujó al vacío.

Mientras la joven princesa caía a una velocidad vertiginosa, mil cosas pasaban por su mente. No entendía por qué su amado príncipe le había hecho esto...de repente lo único en lo que pensaba era en salvar su vida. Recordó las palabras que escuchó poco antes de caer; y cuando estaba a unos metros del suelo, el instinto le hizo desplegar sus alas. Comenzó a abatir fuertemente y logró, para su sorpresa, remontar hacia el infinito nuevamente. El príncipe observó entonces cómo la princesa se adueñaba del cielo; contemplando la majestuosidad en aquellas alas que por años estuvieron dormidas. Entre lágrimas de alegría y gritos de emoción, volaron hacia el castillo para darle la buena nueva al rey; quien no podía contener el júbilo que sentía al ver a su pequeña con las alas extendidas.
- ¿Cómo has podido lograr semejante milagro, muchacho? - preguntó el rey al príncipe, lleno de curiosidad.
- Muy simple, majestad - contestó - durante años usted y ella confiaron siempre su capacidad de volar a curanderos, hechiceros y brujos. Pero jamás alimentaron la confianza en sus propias alas.
El rey guardó silencio, un tanto avergonzado. Tomó a su hija de las manos y le dijo:
- Hija mía, todos nacemos con unas hermosas y pequeñas alas que se van robusteciendo a lo largo de los años para soportar nuestro vuelo. Muchos, quizás, no sabemos que las tenemos o creemos tenerlas muy cortas o defectuosas. Pero escucha lo que te digo: jamás sabremos qué tan fuertes son, hasta que nos lancemos al vacío.

Así, ella dejó de ser la princesa de las alas rotas, y junto con su joven príncipe vivió años de prosperidad, conquistando día a día un pedazo de infinito.

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