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lunes 26 de octubre de 2009

Justo a la Medianoche

Con el mismo respeto y la misma alegría con que recordamos a nuestros difuntos, celebramos en México el Día de Muertos.

Deseando que siempre conservemos tan vivas nuestras tradiciones, dejo en este video una pequeña participación en la celebración de tan importante festividad.

sábado 17 de octubre de 2009

LA FUENTE DE LA INSPIRACIÓN

Había una vez un joven músico cuyo talento desbordante era tal, que podría tocar una melodía completa tan solo con haberla escuchado una sola vez. Sin embargo, y a pesar de interpretar virtuosamente en el piano, no había logrado trascender en aquel medio.
Aunque anhelaba con toda el alma triunfar en los más importantes escenarios, sus composiciones jamás podían ser terminadas. Simplemente no tenía inspiración.
Cada día se apilaban montañas de papel con notas incompletas plasmadas en él.
La frustración aumentaba; de manera que aquel joven, resignado y creyéndose carente de talento, decidió dejar todo y viajar por el mundo en busca de alguna otra cosa que fuera capaz de llenar esa sensación de vacío.

Durante algunos años visitó los lugares más insólitos, exóticos e insospechados; hasta que uno de tantos días, mientras caminaba por las estrechas calles de un concurrido mercado en algún lugar del Medio Oriente, algo en el aparador de una modesta tienda de antigüedades llamó poderosamente su atención: era una fuente de piedra; algo desgastada por el paso del tiempo. En un pequeño cartel escrito a mano que contenía el precio se leía: "Fuente de la Inspiración". Emocionado y un tanto inquieto, entró de prisa al local y preguntó al encargado por dicha pieza. El vendedor le contó entonces; más en un afán de cerrar el negocio, que aquella fuente era muy antigüa y su nombre se debía a que todo el que la había poseído experimentó un caudal de los más sublimes sentimientos y emociones de manera tal, que se podría escribir una obra literaria, musical o poética sin tener conocimiento alguno del tema.

El joven músico escuchaba cada palabra con atención; y a cada momento se sentía más emocionado e interesado. Decidió adquirir la fuente en ese instante y llevarla a su hogar tan pronto como fuera posible.

Al regresar a casa, ordenó la inmediata instalación de la fuente. Así, a la mañana siguiente de su llegada, un sonido suave y armonioso lo despertó de su sueño. Era el murmullo del agua fluyendo de la fuente y deslizándose sobre la roca.
El joven músico se levantó de inmediato y se dirigió hacia su estudio, en donde permaneció encerrado la mayor parte del día, escribiendo.
Nota tras nota, un acorde tras otro iba naciendo constantemente del prodigioso pensamiento de aquel hombre.

Fueron días, semanas, meses de arduo trabajo y concentración profunda los que había invertido para obtener el resultado que ahora tenía: ser el músico y compositor más famoso y aclamado del mundo. Su sueño se había hecho realidad; la fuente seguía arrojando el agua cristalina a raudales y con ella fluía también la inspiración del artista.

Una noche, mientras dirigía una de sus más gloriosas piezas musicales interpretada por la orquesta más importante de Europa, el maestro simplemente se desvaneció de pronto y cayó inconsciente en el escenario. Al mismo tiempo; y a varios miles de kilómetros de allí, la fuente cesó de arrojar agua, quedándose silente.

Días después, en una silla de ruedas, con semblante inexpresivo y la mirada perdida, el joven músico regresó a su hogar. Y mientras el agua que quedaba en la fuente se evaporaba lentamente; así también la mente del virtuoso se iba extraviando en el silencio; adentrándose cada vez más en las profundidades de algún lugar lejano, desconocido y sombrío.

miércoles 23 de septiembre de 2009

ESTOCOLMO


I. EL ORIGEN


Thomas se despertó de repente al escuchar el golpe seco de la puerta de entrada. Se sentía temeroso y confundido. No estaba seguro de cuánto había pasado inmerso en aquella oscuridad. Trató de afinar el oído volteando la cabeza hacia un lado y hacia el otro. las cuerdas que ataban sus pies y sus manos empezaban a lastimarlo. Escuchó los pasos aproximarse a la habitación y decidió entonces planear su estrategia.
El joven médico se repetía una y otra vez que no debió de ir a aquel bar a festejar que había logrado terminar su especialidad en cardiología. Se preguntaba por qué no había aceptado la invitación de su amigo para asistir al festejo se su hija. "Pero, ¿Quién podría imaginarse que pasaría algo así?" pensaba.
Con la inteligencia y agilidad mental que le caracterizaban, urdió un plan rápido para lograr escapar de su cautiverio.

Janet era una hermosa mujer de cabello castaño y ojos prfundamente azules. De apariencia impecable, buen gusto en el vestir y finos modales. A los hombres les llegaba a intimidar, y en algunos casos, a molestar su carácter fuerte. Era metódica, ordenada y responsable.
Esa noche, llegó a casa bastante agotada. Caminó a la habitación pero se detuvo en el pasillo a contemplar las fotografías que adornaban la pared. No podía creer que habían pasado mas de cinco años desde que se retrató el día de su graduación. A pesar de ser una exitosa mujer de finanzas y administrar su propio despacho contable, jamás pudo superar una niñez sombría y difícil.
Janet fue la única hija adoptiva de un matrimonio de clase alta venida a menos. Su madre se dio a la bebida al perder prácticamente todo su patrimonio y el padre tenía un interés enfermizo en el juego y en las jovencitas de mediana edad. Debido a la enfermedad de su madre, Janet se veía obligada a hacer todo el trabajo de la casa; lo cual incluía cocinar para su padre y soportar sus abusos físicos y verbales una y otra vez.
"Todos los hombres son iguales", pensó, mientras seguía su camino hacia la habitación. "No sé por qué a éste no lo maté en el momento", se dijo a sí misma, abriendo la puerta y mirando con aire indiferente a su prisionero. Aunque se reprochaba a sí misma el hecho de haber secuestrado a Thomas, y aún más el hecho de llevarlo a su casa; al mismo tiempo se justificaba pensando que todo pasó demasiado rápido y la prioridad en el momento era no dejar testigos de lo que había hecho; aunque estaba casi segura de que él no había logrado ver nada.

Janet se acercó a Thomas. Lo encontró en posición fetal, bastante agitado y al parecer tenía dificultad para respirar.
-¡Ayúdame por favor!-le dijo con una voz angustiosa.
-Pero, qué diablos te pasa?-gritó ella, acercándose para aflojarle las ataduras de las manos.
Thomas fingió que daba una gran bocanada de aire y contestó, trabajosamente.
-Escúchame, tengo una enfermedad cardíaca...disautonomía. Necesito mi medicamento, o de lo contrario se producirá un paro cardíaco.
Janet se puso muy nerviosa, no sabía cómo reaccionar. Si lo dejaba morir, sería un problema deshacerse del cuerpo, y no se lo perdonaría...no sería justo que muriera de esa manera. Decidió enfrentar el problema y confiar un poco en él, era preferible y era lo único que podía hacer en el momento.
-Está bien, dime, ¿Cuál es el medicamento que necesitas?
-Primero desata bien mis manos para darme un ligero masaje en el pecho, y deberás traer fludrocortisona.
-¿Que te desate?-respondió dudosa-pero, es que...
-Escúchame, no puedo sostenerme en pie, en estas condiciones no podría dar un solo paso sin desmayarme... por favor...
-De acuerdo-dijo ella, no muy feliz con la idea-¿En dónde consigo la medicina?
-Sólo la consigues en la farmacia del centro. La grande-mintió-¡Apresúrate por favor!
Janet salió de la habitación agitada, nerviosa y bastante temerosa. Estaba confundida; sin embargo, tendría que hacer lo que él le pedía. En cuanto Thomas escuchó el golpe de la puerta y el motor del auto alejarse, rápidamente comenzó a desatarse por completo. Sabía que no tenía mucho tiempo, a lo mucho 40 minutos, para escapar.
Salió por el pasillo hacia la cocina, tomó su billetera que estaba sobre un mueble y encontró una puerta trasera cerrada por dentro con tan sólo un pasador. Lo corrió hacia la izquierda, dio vuelta a la manija y una oleada de aire fresco inundó sus sentidos. Hubiera deseado quedarse a disfrutar aquella sensación de libertad durante un largo rato, pero no podía. Trepó la barda y escapó por los tejados.

En cuanto llegó a su departamento, se dedicó a hacer una maleta con lo más indispensable y salió hacia un hotel. Allí por fin pudo descansar. Tomó un baño relajante y llamó a su abogado.
-Escucha, Vladimir, tengo que irme del país por un buen tiempo. Por favor, encárgate de todos mis pendientes. Te llamaré de donde esté para que me ayudes a tramitar un permiso laboral.
-¡Por supuesto! No te preocupes, me encargaré, pero ¿Por qué la premura? ¿Te pasa algo?
Thomas se quedó un momento en silencio. Lo único que deseaba era olvidarlo todo.
-Nada, es....algo personal, necesito alejarme. Te llamaré después.
terminó la llamada y se dispuso a reservar su vuelo a primera hora del día siguiente.

II. LA INVESTIGACIÓN Y LOS CRÍMENES

El comandante de de la policía federal observaba por enésima ocasión la pizarra en donde se mostraban todas las pistas y fotografías del caso en el cual estaba trabajando desde hacía 4 meses.
Se quedaba a menudo hasta altas horas de la noche mirando cada imagen, como si esperase que los cuerpos sin vida fotografiados ahí le dieran algún indicio para capturar a su asesino.
Lo único que tenían hasta entonces eran distintas versiones de algunos testigos que no concordaban entre sí. Algunos decían que habían visto a una mujer de cabello oscuro, otros que era rubio, largo y ondulado, o rizado y corto. Nada en concreto. De lo que sí estaba estaba seguro es que la homicida era una mujer. Una mujer lo suficientemente enferma como para asfixiar a sus víctimas hasta matarlas, y después desnudarlos y robar sus pertenencias.
-No sé cómo no te asqueas de tanto ver ese muro-lo interrumpió Melina, su compañera.
-No puedo evitarlo, necesitamos sacar a esta psicópata de las calles.
-Entonces, ¿Estás completamente seguro de que es mujer?, es decir, ¿Estamos frente a otra Aileen Wuornos?
-No, de ninguna manera. Ésta es mas ordenada, es precisa, inteligente, calculadora. Planea bien sus movimientos, acecha a su víctima. Es paciente y bastante fría; yo diría que hasta tiene cierto grado de preparación académica, y dudo que lo haga por dinero; el robo es tan sólo una pantalla. Los desnuda para humillarlos, ridiculizarlos...es como si deseara ponerlos en evidencia.
Melina se quedó pensativa. Dio un sorbo mas a su café y dijo:
-Prácticamente me estás describiendo a una mujer hasta cierto punto refinada, sofisticada, y podría pensar que hasta exitosa.
-Así parece. Es astuta, se cambia de imagen cada vez que asesina, pero se equivoca si piensa que se saldrá con la suya.
Melina lo convenció de regresar a casa y la oficina quedó completamente a oscuras. Tal como lo estaba el Cuerpo Policíaco en el caso.

Por la mañana, el comandante Matteo Giacco se preparaba para reunirse con el grupo de trabajo y exponer el caso por enésima ocasión. Echó un último vistazo a la pizarra y comenzó.
-De acuerdo. Estamos en un punto de la investigación en el cual nos encontramos un tanto estancados. Haciendo un recuento, les recuerdo que estamos ante una serie de asesinatos. Las víctimas son del sexo masculino, con un rango de edad de 40 a 50 años. Todos con cierto nivel de alcohol en la sangre, lo cual hace suponer que salieron de algún bar o festejo. Se les encuentra desnudos, con huellas de estrangulamiento, en su propio automóvil, a la orilla de la carretera. ¿Alguna pista, alguna teoría, alguna hipótesis o alguna idea?...en este punto, cualquier detalle que nos puedan aportar es importante...

III. DEJA VU

Habían pasado ya dos años desde la noche en que Thomas escapó de su cautiverio. Él estuvo en el extranjero, trabajando y especializándose en su ramo. Ella, por su parte, decidió hacer una pausa prolongada en los homicidios. Estuvo un tiempo también en un país vecino y después volvió para mudar hacia otra ciudad su negocio de administración y contabilidad.
La policía tenía estancado el caso de los homicidios de la carretera. Y aunque Matteo seguía firme en su postura de atrapar al culpable, todo estaba en contra suya. el caso empezó a convertirse en una batalla de poder entre la asesina y él; y muchos en el Departamento opinaban que el comandante se había obsesionado con aquel callejón sin salida.

Thomas regresó y decidió establecerse en una de las ciudades mas importantes del país. La noche en que llegó al aeropuerto de la ciudad, pensó en ir a cenar y a tomar algo para después buscar en dónde hospedarse. Llamó a un taxi y le pidió al conductor que lo llevara a algún bar cercano.
-Conozco uno...buena comida, buena bebida y excelente ambiente. No está muy lejos, si gusta, lo puedo llevar ahí.
Thomas asintió y agradeció la sugerencia.

Janet lo observó desde la barra. No había duda alguna. Era él. "Ese maldito tiene una cuenta pendiente conmigo", pensó. "Sin embargo; hay que reconocer que fue muy astuto, no se merece terminar como los demás", sonrió. Lo miraba casi con ternura. Había algo en él que le atraía fuertemente. Jamás sintió algo parecido. De repente Thomas percibió inconscientemente la mirada y volteó hacia ella. Janet le sonrió y no pudo evitar sobresaltarse y sonrojarse. "Pero ¿Qué diablos me pasa? ¡Contrólate!" Se ordenó.
Thomas se sentó en la barra junto a ella. Le sonrió abiertamente y cuando ella lo miró a los ojos, él se sorprendió ante la mirada más dulce y luminosa que había visto en su vida. La atracción fue mutua e instantánea. Conforme la noche avanzaba, ambos se sentían más relajados; ella decidió, contra sí misma, que era hora de cobrar aquella deuda pendiente.
-Me tengo que ir ya, Thomas. La he pasado de maravilla pero mañana tengo que trabajar, tú sabes...
-Lo entiendo-respondió él-¿Te molestaría que te acompañara a tu casa?
La oportunidad no podía ser mejor. Ambos salieron juntos del bar y se dirigieron hacia la casa de Janet.
Ella lo invitó a pasar para invitarle un último trago como agradecimiento por su compañía. Thomas se sentía bastante bien a su lado, y pensó en invitarla a salir nuevamente. Dijo "salud", se tomó la bebida, y casi al instante, cayó inconsciente.

***

-¡Ay no puede ser!-exclamó cuando despertaba de su letargo y se percataba de que estaba en la misma situación de hacía dos años-Debo ser la única maldita persona en el mundo que es secuestrada dos veces por la misma mujer. Cuando dijo esto último se dio cuenta de todo. No podía creer que aquella mujer tan hermosa, inteligente y educada fuera una delincuente cualquiera. "¿Por qué? ¿Por qué lo hace?" Se preguntaba. Intentó conservar la calma y comenzó a investigar lo que le rodeaba. Esta vez se encontraba atado a una silla, con una venda en los ojos. Sin embargo; logró escuchar el sonido de la calle detrás de él, como si hubiera una ventana. Se movió con la silla, tratando de llegar hasta allá para pedir ayuda, sin embargo; aún se hallaba mareado y desorientado, por lo cual perdió pisada y se desplomó sobre una mesa de cristal que estaba en la sala. Los vidrios saltaron en todas direcciones al romperse el cristal con la cabeza de Thomas, y éste cayó inconsciente, en medio de aquel destrozo.
No pasó mucho tiempo cuando Janet abrió la puerta para descubrir horrorizada lo que había sucedido. Empezó a temblar al ver a Thomas tendido sobre un charco de sangre. Sin pensarlo, tomó el teléfono y llamó a una ambulancia. Después se dispuso a desatarlo mientras pensaba en la mala suerte que le traía aquel individuo.
Los paramédicos lo trasladaron rápidamente al hospital, en estado grave, después de aplicarle los primeros auxilios.

Janet llegó apresurada a la recepción del hospital preguntando por un hombre con una herida en la cabeza, ingresado recientemente.
-¿Es usted familiar del herido?-preguntó la enfermera.
Janet no supo qué contestar. En ese momento uno de los paramédicos que había atendido a Thomas la vio y le dijo:
-Usted es la esposa del hombre que trajimos con la herida en la cabeza ¿Verdad?
Ella se quedó pensando un momento. El joven paramédico debió suponer que eran un matrimonio. Decidió entonces seguir el juego, al menos hasta que las cosas volvieran a la normalidad.
-Sí-contestó-quiero saber cómo está mi esposo.
-Aún se encuentra en cirugía-le respondió la enfermera-pero le voy a pedir que me dé los datos del paciente mientras espera. ¿Cuál es el nombre de su esposo?
-Claudio-respondió, sintiéndose aliviada de que uno de sus artistas favoritos no fuera muy conocido en aquella localidad-Claudio Baglioni...


IV. EL FUTURO PROMETEDOR

Janet escuchaba atenta la información que el médico le daba acerca del estado actual de Thomas, mientras pensaba que las cosas habían dado un tremendo giro hacia una dirección que jamás se hubiera imaginado. Se sentía temerosa pero al mismo tiempo aliviada. "Quizás aún tenga una oportunidad de enderezar mi vida... de ser feliz" se decía.
-El estado de su esposo es delicado, pero afortunadamente pudimos actuar a tiempo-dijo el médico; tratando de explicarle las cosas de manera sencilla-. Él se encuentra estable ahora, sin embargo, tengo que prevenirle de ciertas cosas que van a cambiar respecto a él.
-Cosas..¿Qué cosas?-preguntó Janet algo alterada.
-Bueno, lo más probable es que la recuperación física de su esposo sea satisfactoria; sin embargo, hubo un ligero daño cerebral, y lo más seguro es que él padezca lo que se denomina como amnesia retrógrada post-traumática. Esto es, que no recordará nada.
-¿Nada...del accidente?-Preguntó Janet cautelosa pensando que su suerte no podría ser mejor.
-Nada...de nada-contestó tajante el doctor-. Tendrá sus habilidades y conocimientos intactos, pero sus recuerdos habrán desaparecido por completo, es decir...
-Déjeme entenderlo bien-interrumpió ella-o sea que si él solía...no sé, por ejemplo...cocinar muy bien, o reparar autos, o hacer cirugías...¿Lo podrá seguir haciendo?
-Así es-contestó el doctor-podrá hacerlo con la misma naturalidad y habilidad, pero no recordará, por ejemplo, quiénes son sus padres... no la recordará a usted, o a sus amigos, ni tampoco episodios de su infancia. Lo siento, pero me temo que pueda ser irreversible.
Janet guardó un largo silencio. Agradeció al médico el informe, y después de preguntarle cuándo podría ver a su esposo, se dirigió a la salida del hospital. Empezó entonces a planear su vida futura.
-El pasado se borró para ambos, no solo para él. A partir de ahora, y en lo que a mí concierne, Thomas y yo estamos casados...y es conveniente que también yo padezca de amnesia-se dijo, mientras esbozaba una triunfal sonrisa que muy fácilmente se podría confundir con un gesto maquiavélico.

***

-Bueno, pues hoy nos vamos por fin a casa-dijo Janet, mientras empacaba las cosas de Thomas en su cuarto de hospital-¿No te sientes contento?-preguntó.
-Sí, claro-contestó él-es sólo que... me es difícil aceptar el hecho de que sepa hacer una sutura o una cirugía a corazón abierto y no recuerde siquiera si tuve una mascota de niño.
-Bueno-respondió ella sonriente-si quieres, te puedo comprar un perro.
Thomas sonrió ampliamente y la tomó de las manos.
-Janet, si no fuera por ti, me sentiría en una oscuridad total. Te agradezco la manera en que me cuidas, la forma en que lo estás tomando. Creo que tomé la mejor decisión de mi vida al casarme contigo-dijo Thomas, visiblemente emocionado y la abrazó.- Quizás no sepa ni quién soy, pero el vínculo tan fuerte que hay entre nosotros...ése sí lo puedo sentir... te amo.
Janet estaba feliz. Después de tres semanas en el hospital, por fin empezarían su nueva vida. Tres semanas que le alcanzaron para crearle a Thomas su nueva identidad: Identificaciones, partida de nacimiento, cédula profesional y hasta el acta de matrimonio. Todo bajo el nombre de Claudio Baglioni. No había sido muy difícil reunir la información necesaria; pues "la Internet lo puede todo", y buscando aquí y allá encontró fotografías, y algunos datos de Thomas que le sirvieron para construirle su nueva identidad.
Janet también se había mudado; pensando en no dejar ningún cabo suelto. Ni lugares ni cosas que en un momento dado pudieran ser un disparador para que él recuperara la memoria.
-No te preocupes, yo cuidaré bien de ti... y tú de mi-le dijo ella, con una mirada llena de ternura.


V. LA VIDA PERFECTA

La sede del Departamento de Policía era un caos. Parecía un hormiguero: gente corriendo de aquí para allá, llevando y trayendo informes, teléfonos que no paraban de sonar y en la Sala de Juntas se preparaba ya el plan de acción.
El Comandante Matteo Giacco, ahora ascendido a Capitán tomó la palabra, visiblemente emocionado, y a la vez preocupado.
-Bien, empecemos. Como todos ustedes saben, hace algunos años investigamos el caso de una asesina serial. En las diapositivas se muestra a las víctimas de aquel entonces y el modus operandi de la agresora junto con los detalles del caso los tiene cada uno de ustedes en sus carpetas. Ahora, en la siguiente diapositiva, se muestra una nueva víctima, con mismas características que las anteriores; con la diferencia de que, en ésta ocasión, se trata del cuerpo de un hombre encontrado hace dos días en una ciudad cercana.
Hizo una pausa para que todos se actualizaran en la información, y continuó:
-Por los informes que nos da el laboratorio forense, y lo que se pudo recabar en la escena del crimen, podemos deducir que es muy poco probable que se trate de un imitador. De manera que, señores, nos encontramos frente a la misma asesina de la carretera que hace algunos años se nos escapó de las manos. Tienen cada uno de ustedes sus instrucciones. Trasladaremos un equipo de trabajo a la localidad donde se produjo el homicidio. Esta vez, nos aseguraremos de no dejarla escapar.
La junta se terminó y los oficiales se dispersaron, apresurándose a preparar todo para trabajar en el caso.
La Agente Melina se acercó a Matteo.
-¿Crees que podremos ganar esta vez?-preguntó.
-Estoy seguro. Esto ya es personal-. Respondió el Capitán en tono seco.
Melina se volvió a mirarlo.
-¿Personal?... Solo para tí, porque para ella, no lo creo.
-¿Por qué lo dices?
-Porque en todo este tiempo, ella seguramente vivía plenamente; iba a fiestas, restaurantes, quizás hasta viajó...y tú simplemente no tuviste vida propia.
Matteo se quedó pensativo un momento y respondió, caminando hacia la puerta:
-Eso, es precisamente lo que lo hace algo personal.

***

Janet estaba sentada en una cómoda silla de su jardín. No podía creer que habían pasado nueve años ya. Nueve años desde que Thomas...es decir, Claudio, salió del hospital hacia su nueva vida. "Es increíble todo lo que puede pasar en nueve años", pensaba, mientras veía a sus tres hijos jugar en la piscina.
Claudio llegó con las bebidas, las colocó en la mesa y se sentó junto a ella.
-¿Qué tanto piensas?-preguntó, sonriéndole.
-Pues... en que la vida no sería igual si no hubiéramos tenido a Adelina.
-Tienes razón-contestó él, con la mirada perdida en los juegos de sus hijos-Carlo y Bruno son maravillosos, pero nuestra vida no estaría completa sin la pequeña Adelina.
Claudio se acomodó en su asiento. Se sentía orgulloso de sus hijos. Carlo tenía ocho años, le gustaban los deportes, era un niño sano, extrovertido y cariñoso. Bruno, de seis años, era más bien del tipo retraído; sin embargo, resaltaba por su carácter noble y su inteligencia. Le gustaba leer y era bastante ordenado y metódico para su edad. Claudio siempre había pensado que Bruno era el más parecido a Janet. "Seguramente seguirá los pasos de su madre" pensaba con frecuencia. La pequeña Adelina contaba apenas casi tres años. Era tremendamente traviesa, muy cariñosa y adoraba a su papá; quien, obviamente, se sentía orgulloso, no solo de ella, sino de su familia y de su vida en general.
Y es que, ¿Qué más podía pedir?... Tenía una hermosa casa, una esposa extraordinaria, de la cual estaba profundamente enamorado; tres hijos encantadores y muy buenos amigos y vecinos.
Durante esos nueve años el negocio de Janet había crecido consierablemente; con parte de esas ganancias y con el ingreso de Claudio como Jefe de Cardiología de un hospital local, habían logrado construir una exitosa y prestigiada clínica cerca de su vecindario. Dicha clínica operaba, naturalmente, bajo la supervisión total de él, quien también organizaba brigadas para atender a pacientes de escasos recursos. Tenía, pues, la "vida perfecta" que cualquier ser humano desearía para sí.
La voz de Janet interrumpió sus cavilaciones.
-Ahora eres tú quien se ha quedado pensativo-le dijo.
-Sí...pensaba en lo bien que me ha tratado el destino con la vida que llevamos. En que a pesar de haber perdido mis recuerdos, las cosas han resultado demasiado bien para mi.
Se quedó en silencio un momento, y su semblante se tornó un tanto serio.
-¿Sabes? a veces me da un poco de miedo que algún día el mismo destino me cobre la factura de todo lo que soy ahora.
Janet no pudo evitar entonces recordar a aquel hombre en el bar hace algunos días. Esa noche salió de trabajar y se sentía algo tensa; de manera que decidió pasar al bar a tomar una copa; regalarse un poco de tiempo para ella, y después volver a casa. No supo de dónde salió aquel hombre de mediana estatura, medio calvo, con un traje barato... La manera en que la miraba... la forma en que le hablaba... hicieron que volvieran a ella todo un cúmulo de sensaciones que creía ya enterradas. Se asqueó, se enfureció tanto... y para cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Lo había hecho de nuevo.

VI. ATANDO CABOS

En el lugar que servía como Cuartel de Policía Matteo estudiaba atentamente un mapa de la ciudad extendido sobre la mesa. El resto del equipo miraba con atención. Sumaban ya tres víctimas en poco más de un mes. Tendrían que darse prisa en atrapar a la homicida, pues al parecer su necesidad de asesinar se volvía cada vez mas apremiante.
- Bien - Concluyó Matteo - La primera vez el radio en el que se cometían los crímemes era demasiado irregular; lo cual fue uno de los mayores obstáculos que tuvo la investigación. La asesina se desplazaba en puntos muy diversos de aquella ciudad. Esta vez; sin embargo, es distinto. Los lugares en los que elige a sus víctimas se encuentran dentro de una misma zona.
Uno de los oficiales se inclinó un poco para ver mejor.
-¿Quiere decir que ha cambiado el patrón? ¿Por qué haría algo así?
-Bueno-se apresuró a contestar Melina-Ha pasado mucho tiempo. Las causas pueden ser varias...
-Se mueve en la misma zona-dijo Matteo, casi para sí-como si tuviera algo que le mantuviera cerca...algo...pero ¿Qué?...¿Qué puede mantener a un ser humano hasta cierto punto "anclado"?...una familia...un trabajo...
En ese momento sus ojos se abrieron como si algo lo hubiera iluminado de repente.
-¡Un trabajo!-exclamó. Se volvió al grupo y se dispuso a dar indicaciones.
-Empecemos con eso.-Dijo-Escuchen todos: tenemos que buscar negocios, empresas, oficinas, en fin, centros de trabajo dentro de ésta zona. Comenzaremos por establecer un cerco al rededor del lugar donde se cometió el primer homicidio.
Respiró un momento y continuó.
-No tengo que recordarles que sean lo más discretos posible. No queremos alertarla. Melina y yo empezaremos con la zona marcada en el mapa con el número 1. Los demás acérquense para repartir las que quedan.

No pasó mucho tiempo antes de que Matteo y Melina dieran con el despacho contable de Janet. Melina entró, haciéndose pasar por una cliente potencial. Con un poco de astucia y facilidad de palabra, logró obtener información importante. Matteo encendió el motor del auto en cuanto vió a Melina salir del lugar. Mientras arrancaban, alcanzó a observar a una mujer bastante atractiva, de apariencia refinada que caminaba hacia el despacho. La siguió con la vista hasta que desapareció en el interior.
-¿Qué? ¿Qué viste?-preguntó Melina.
-Una mujer... que quizás se ajuste al perfil de la persona que buscamos-. Se volvió hacia su compañera-Por favor, dime que averiguaste algo útil.
Melina sonrió.
-Ya lo creo que sí.

A media mañana ambos tomaban su almuerzo en un restaurant.
-Bien, recapitulando-dijo Matteo pensativo-La propietaria del despacho, la tal Janet, dices que ha salido de trabajar más tarde de lo normal... ¿Cuántas veces?
-Dos, durante este mes; según la secretaria. No quise preguntar sobre el mes pasado porque podría sospechar.
-Pues habría que ver si esas dos salidas tarde concuerdan con los días en los que se cometieron los crímenes. ¿Qué mas?
-O.k. Janet está casada con un tal Claudio Baglioni, un médico al parecer bastante reconocido en esta zona. Ambos viven en un vecindario cercano y tienen tres hijos.
-Mmm pues no parece el tipo de vida de una asesina serial pero en fin. ¿Qué mas sabemos del esposo?
Melina revisó sus notas mentales.
-Como dije, es médico. Tiene una clínica no muy lejos de aquí.
Sacó su celular y buscó una fotografía.
-Mira-dijo, entregándole el teléfono a Matteo-había un retrato de familia, que pude fotografiar mientras la secretaria me traía un vaso con agua
Matteo sonrió.
-Muy buen trabajo, detective-le dijo.
Melina agradeció el cumplido.
-Haré un par de llamadas-anunció él-quiero investigar a esta mujer y a su marido a fondo.
Así, mientras Janet se encontraba sentada en la soledad de su oficina, detrás de su escritorio, pensando y coonvenciéndose a sí misma de que debía detenerse un poco y concentrarse más en el trabajo y en su familia; la investigación seguía su curso, acercándose cada vez más a la verdad.

***

Con la madrugada por compañía, Matteo revisaba el resultado de las investigaciones que había solicitado.
-Definitivamente, es ella-pensaba mientras leía.
A pesar de los documentos de identidad de Claudio, no se encontraron registros de nacimiento con su nombre en la base de datos oficial. Lo único que encontraron fue su ingreso y el alta de un hospital nueve años atrás.
Matteo buscó entre los papeles la información recaba de dicho hospital y leyó:
-"Amnesia retrógrada post-traumática..."

Esa misma tarde, Matteo subía a su automóvil despues de haber interrogado al médico que atendió a Claudio cuando se accidentó. Repasaba la información que le había dado una y otra vez.
-Es correcto, el Sr. Baglioni presentaba un cuadro de amnesia retrógrada post-traumática-había dicho el doctor-al parecer tenía problemas de insomnio y tomó algo para dormir; sin embargo, cuando despertó sufrió un mareo y se cayó. Recuerdo que llegó aquí bastante grave. Perdió mucha sangre.
-¿Lo volvió a ver después de eso?-inquirió Matteo.
-Después de darlo de alta, le pedí que regresara para valorar su progreso. Sólo lo vi una vez. Me pareció extraño que aún no recordara absolutamente nada, es como si la amnesia fuera más bien dosociativa.
-¿Quiere decir, causada por algún recuerdo o trauma reprimido?
-Así es. Y así se lo hice saber a él y a su esposa; pero después de esa consulta ya no los volví a ver...
"Está claro que hay algo oscuro en torno a esta familia". Pensó Matteo, al tiempo que encendió su auto. En cuanto llegó a la oficina, convocó a una reunión con todo el equipo para establecer el siguiente plan de acción.

-Lo que se les está repartiendo en este momento es la fotografía de una familia-anunció Matteo a su equipo-con ayuda de la policía local, colocaremos discretamente cierta vigilancia en todos los bares del perímetro en el cual creemos que se mueve nuestra sospechosa. Tenemos elementos suficientes para pensar que la mujer de la foto es la asesina. Deberán estar atentos por si la ven en alguno de los bares o en compañía de cualquier otro hombre que no sea su esposo.
Mientras todos salían a ocupar sus puestos, Melina entró apresuradamente y en tono agitado llamó a Matteo.
-¿Qué pasa?-preguntó él.
-Tienes que ver esto. Nuestra astuta Janet cometió un terrible error-dijo ella sonriendo mientras buscaba algo en su computadora-mira esto; conseguí la lista de quienes se graduaron de medicina por la universidad que ostenta el Título de Baglioni...
-Adivino-interrumpió Matteo-su nombre no aparece por ningún lado ¿No es así?
-Su nombre, no-contestó Melina-pero su rostro sí.
Matteo sintió un escalofrío que le recorría la espalda.
-¡¿Qué?!-exclamó.
-Así es-dijo ella mostrándole la fotografía en la pantalla-está bajo el nombre de Thomas.
A Matteo se le iluminó el rostro. No lo podía creer. Esta mujer fue tan hábil como para no dejar rastro alguno de sus crímenes, pero con la premura de construirle a Thomas una nueva identidad, descuidó ese pequeño detalle: Tituló como médico a Claudio en la misma universidad de Thomas.
-Ya la tenemos-dijo por fin, en tono serio-averigüemos todo acerca de Thomas.
-Estoy en eso-contestó Melina levantando el teléfono.

habían pasado varios días ya desde que Janet decidió volver a romper con su pasado. Se sentía cada vez más tensa y estresada. Se sofocaba. No podría soportar mucho tiempo fingiéndole a su esposo que todo estaba bien. Comenzó a tener temores. Sentía que Claudio sospechaba algo.
-Necesito aire-dijo tomando su bolso y sus llaves para salir de la oficina-Y quizás una copa no me vendría mal.

***

Matteo se encontraba en su oficina, frente a frente con Vladimir Larios.
-Licenciado Larios, le agradezco que haya venido hasta acá tan pronto-le dijo.
-Capitán, me alegra poder colaborar. Aún más tratándose de Thomas.
-Tengo entendido que era usted su representante legal hace algunos años.
-Así es-contestó-pero hace ya más de diez años que no sé nada de él.
-¿Por qué?-preguntó Matteo.
-Bueno, me llamó una noche para que le arreglara unos asuntos. Al parecer tenía prisa por irse al extranjero.
Melina intervino en el interrogatorio.
-¿Recuerda la fecha exacta de esa llamada?-preguntó, esperando atenta la respuesta.
-Sí, lo recuerdo porque era el cumpleaños de una de mis hijas. Aún estábamos festejando cuando me llamó-dijo, mientras anotaba la fecha en un papel y se la daba a Melina, quien a su vez, se la entregó a Matteo.
-¿Y después que pasó?
-Él se fue al extranjero, le finiquité los asuntos que me pidió y le ayudé a tramitar su residencia temporal allá. Después de eso no volví a saber de él.
Matteo lo escuchaba pensativo.
-¿Qué mas nos puede decir de Thomas?-preguntó.
-Es huérfano, no tiene hermanos, ni parientes, que yo sepa. Vivía de la herencia que le dejaron sus padres. No es muy sociable, a pesar de su nobleza. Lo conocí en la universidad; éramos amigos, aunque él era muy reservado. Me pedía consejos y orientación para asuntos relacionados con la herencia. Por eso nos volvimos cercanos.
-¿No le pareció extraño, entonces, que no se volviera a comunicar con usted?
-En lo absoluto-contestó Vladimir muy seguro-La verdad es ya no habábamos muy seguido, sólo por cuestiones de trabajo. Y como se fue a vivir al extranjero, supuse que no necesitaría más de mis servicios.
-De acuerdo Sr. Larios-finalizó Matteo-le pediremos que nos deje sus datos para localizarlo; y que permanezca en la ciudad un par de días más. Podríamos necesitarlo de nuevo.
-Capitán-dijo Vladimir bastante preocupado-¿Le pasa algo a Thomas? ¿Él está bien?
-Me temo que su amigo está en medio de un huracán, sin saberlo. Por el momento se encuentra bien; pero quizás pronto necesite de su viejo amigo. Lo siento, no puedo decir más.
Se estrecharon las manos y Melina lo acompañó a la salida, mientras Matteo echaba otro vistazo al papel con la fecha anotada. Tuvo una corazonada y se dirigió a revisar el archivo del caso.

-¿Qué haces?-preguntó Melina-llevas casi una hora aquí. ¿Qué buscas?
-Mira esto-contestó él mostrándole un papel-la fecha de la llamada de Thomas fue al día siguiente de uno de los asesinatos ocurridos entonces.
-Ya veo...-contestó Melina, atando los mismos cabos que Matteo.
-Lic. Larios, habla Matteo Giacco-dijo a través del auricular de su celular-disculpe, una pregunta más: ¿Recuerda usted si la fecha en la que le llamó Thomas, él se encontraba o había estado en algún bar?
-Así es-Contestó Vladimir-un día antes terminó su especialidad en cardiología. Se supone que iría con él a festejar, pero no pude por el cumpleaños de mi hija. Tiempo después le pregunté si había ido, y me dijo que sí. Al parecer fue solo a un bar a tomar unos tragos.
-Bien, gracias-dijo Matteo terminando la llamada. Se volvió hacia Melina.
-La tenemos, vamos por ella.


VII. LA FACTURA DE UNA VIDA PERFECTA

Matteo y Melina iban en el automóvil rumbo a la casa de Janet. Ambos estaban en silencio. Matteo se encontraba completamente concentrado en cerrar por fin este caso. Una llamada por la radio les hizo cambiar de ruta.
-Capitán, acabamos de ver a la sospechosa entrando en un bar. Esperamos sus órdenes.
-No hagan nada hasta que yo llegue. No la pongan sobre aviso, vigilen solamente, voy para allá.
Las llantas del auto patinaron en el pavimento haciendo un ruido estruendoso, mientras Matteo giraba el volante bruscamente para cambiar de dirección. Intentaba abrirse paso en las avenidas, pero el tráfico era bastante denso, de manera que, entre largas filas y rutas alternas, tardaba en llegar más de lo esperado. La radio nuevamente volvió a transmitir un mensaje.
-Capitán, la sospechosa salió del bar con un hombre que al parecer estaba drogado o bastante ebrio. La seguimos ahora sobre la ruta, al parecer pretende orillarse en un lugar oscuro.
-Estoy llegando-respondió Matteo-empiecen a establecer un perímetro. No debemos permitir que escape.
Estacionó el vehículo cerca de donde se había detenido Janet. Ambos bajaron y avanzaron sigilosamente hacia ella. Con el arma en una mano, hizo señas para que los demás le cerraran el paso en caso de que pretendiera escapar.
Janet se encontraba ya sobre su víctima, quien estaba profundamente confuso y aturdido, debido a los efectos de la droga que ella le puso en la bebida. Se acercó a su cuello a punto de terminar con su vida cuando repentinamente la puerta del auto se abrió de golpe y la luz cegadora de la linterna iluminó la escena.
-Qué tal Janet-dijo Matteo, apuntándole con el arma-lamento interrumpir tu idilio pero estás arrestada-concluyó, poniéndole las esposas.

Matteo se encontraba recargado en su automóvil observando atento a su alrededor, como si no quisiera perderse de nada. Melina lo acompañó.
-Lo lograste, por fin-le dijo, observando también las luces de las torretas de las patrullas y la ambulancia.- Te felicito.
-Fue un trabajo de equipo-contestó Matteo-y además esto aún no se termina-dijo, incorporándose para subir al auto.

Claudio sabía que algo andaba mal, desde el momento en que tocaron a la puerta y al atender, lo esperaban dos policías en la entrada de su casa.

***

En una sala de interrogatorios, Thomas se encontraba tumbado en la silla, frente al Capitán Giacco, un montón de papeles y fotografías, y una historia que parecía sacada de una novela de terror. Todo le parecía oscuro. Se sentía perdido, muy confundido. Y de repente, tuvo la sensación de haber estado en una situación parecida hacía tiempo atrás.
-Escuche, Caludio; sé que es difícil para usted comprender todo esto pero... Janet nos ha dicho que la primera vez que lo secuestró fue porque pensó que usted había sido testigo del crimen que acababa de cometer, puesto que se encontraba muy cerca de la escena. ¿Puede recordar algo de aquello?
-Capitán-contestó Thomas en tono sereno-tengo amnesia. El primer recuerdo que poseo es el despertar en un cuarto de hospital con un tremendo dolor de cabeza y Janet a mi lado.
Guardó silencio un momento y continuó.
-Y ahora usted me dice, que yo no soy quien pienso; y que la mujer que ha estado conmigo todos estos años, la madre de mis hijos, es una maldita asesina que me construyó una identidad falsa.
La voz se le quebraba. Tomó una de las fotografías de la mesa.
-Estas fotos, con mi cara en ella pero con otro nombre... estas pruebas que me ha mostrado... si no fuera por todo esto, jamás creería lo que me ha dicho. Ya no sé que pensar. Ya no sé ni en quién confiar-dijo, arrojando la fotografía al otro extremo de la mesa. Matteo se levantó y decidió darle un respiro a Thomas.
-Escuche, Sr. Baglioni...
-No más... por favor, no más... no quiero volver a escuchar ese nombre-interrumpió Thomas.
-Thomas... lo dejaré un momento para que asimile lo que pasa, y haré que le traigan un café. Mientras, permítame llamar a una persona en quien puede usted confiar plenamente; siempre lo hizo, antes de conocer a Janet.
Se detuvo en la puerta e hizo pasar a Vladimir.
-¡Dios mío! ¡Thomas! ¡De verdad eres tú!-exclamó en cuanto lo vió.
-Entonces, lo identifica usted como...-empezó a decir Matteo.
-Sin duda alguna. Es él-dijo Vladimir, mientras abrazaba a su amigo, que se había levantado de su silla.
Matteo salió y Thomas miraba fijamente a Vladimir como si deseara recordar.
-Lo siento- dijo por fin -no te recuerdo. ¿Dices que solíamos ser amigos?
-Y no solo eso-contestó-soy tu abogado. Siempre he sido ambas cosas para tí, Thomas.
Lo miró casi derrumbarse. Vladimir se sentía profundamente triste por su amigo. Aún así, con entereza y voz muy firme le dijo:
-No te preocupes, te ayudaré a resolver todo esto. Todo saldrá bien, ya lo verás.
Thomas esbozó una débil sonrisa. Se sentía devastado, pero aún así se alegraba de tener a alguien en quién apoyarse. Matteo entró en ese momento trayendo un vaso de café.
-Capitán-le dijo Thomas-¿Aún están interrogando a Janet?
-Así es.
-¿Puedo presenciarlo? es que... me gustaría saber... necesito saber por qué me hizo todo esto.
Matteo se volvió a mirar a Vladimir, y éste asintió con la cabeza.
-De acuerdo, lo llevaré al cuarto de observación.

Thomas salió tambaleándose del cuarto de observación. Si alguna duda podía haber, se había disipado. Janet contó nuevamente y con lujo de detalle los asesinatos y su historia con Thomas. Desde el secuestro, el reencuentro en el bar, el accidente, el hospital... todo.
Vladimir salió siguiendo a Thomas. Caminaron en silencio por el largo y desierto pasillo.
-No puede ser-decía Thomas casi fuera de sí, intentando controlarse-es como si se tratara de otra persona. Con qué frialdad confesó todo... Es que se la veía hasta orgullosa de todas sus perversiones.
-Thomas, tranquilízate-pidió Vladimir, mientras se sentaban en una de las sillas que había a los costados.
-No puedo, Vladimir, no puedo, lo siento. Con esa mujer que acabas de ver, compartía mi vida. Dormía cada noche con una asesina... ¡Tuve tres hijos con ese monstruo por Dios!-exclamó-. ¿Cómo?... ¿Cómo les voy a explicar todo esto a los niños?... ¿Qué les voy a decir de su madre?...
-Escúchame, Thomas-dijo Vladimir, mirándolo fijamente, con seguridad-vamos a salir de todo esto. Yo te ayudaré a terminar pronto con esta pesadilla, y te prometo que haré lo que esté en mis manos para que tus hijos resulten lo menos dañados posible.

Matteo asomó la cabeza del cuarto de observación.
-Licenciado Larios, ¿Podría venir un momento?... necesitamos entregarle la papelería correspondiente.
Vladimir se levantó de la silla.
-Espérame aquí Thomas-le dijo-enseguida regreso.
Vladimir caminó hasta donde estaba Matteo y ambos entraron en el cuarto.
Thomas quedó pensativo un momento. Después, apoyó los codos sobre las piernas y hundió la cabeza entre las manos, con la vista clavada en el suelo.
El sonido de unos pasos inundó el pasillo solitario. El taconeo era cada vez más estridente. Thomas levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Janet, quien caminaba esposada entre dos oficiales. Sin expresión alguna, ella no dejó de mirarlo. Incluso volteó el rostro hacia él cuando se alejaba, solo para no dejar de verlo. Él se quedó impávido, de pie, siguiéndola con la vista. Al terminar el pasillo, los oficiales dieron vuelta a la izquierda para continuar el recorrido. En ese momento, Janet le dedicó a Thomas una sonrisa mezquina, llena de cinismo y maldad, y desapareció de su vista.

Thomas se dejó caer de nuevo en la silla. Un torrente de recuerdos y emociones le invadió. Y enmedio de todo aquella confusión de pensamientos, un escalofrío recorrió su cuerpo por completo, cuando la imagen de su pequeño Bruno y el recuerdo de una sola frase llenó su pensamiento: "Seguramente seguirá los pasos de su madre"...


FIN.

domingo 7 de diciembre de 2008

RECOSTADA EN TUS RECUERDOS

Dile que la amas y no mires atrás,
que aunque claves tu mirada
en mis ojos ya no me verás...
Dile todo lo que a mi jamás,
y regresa como siempre
derrotado y silencioso.

Corre a buscar el calor en sus brazos
aunque encuentres sólo un frío atardecer,
como el frío que rodea mis sentidos
desde el día en que callaste
lo que ahora tanto quieres escuchar
de sus labios ajenos y tibios.

Y vuelve después a mi lado
buscando el calor de mis brazos vacíos;
soñándome en las noches
recostada en tus recuerdos,
abrazando el espacio perdido
que dejé en tu corazón

Háblale al oído tantas veces
como lo haces aún conmigo,
aunque no me puedas ver.
Dile que crees que la mereces,
busca en su alma cobijo y abrigo;
mientras cubres el deseo fantaseando con mi ser

Dile lo que sientes
que yo estare detras
recogiendo los pedazos
que queden de tí
volvéndote a armar,
cuidando no romperte nunca más...

viernes 7 de noviembre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO IV (FINAL)

**Leer Parte I** **Leer Parte II** **Leer Parte III**



El sol se abría paso entre las pocas nubes que se negaban a dispersarse del todo; y el día se iba despejando cada vez mas para dar paso así a un cielo claro y luminoso; después de la tormenta de la noche anterior.
Gretta miraba el panorama a través de la ventana de la cafetería. Era una espléndida mañana de sábado. Se sentía emocionada y un tanto nerviosa: al fin conocería en persona al hombre que la había hecho despertar de un letargo que le parecía eterno.
Del otro lado de la mesa, Alex la observaba atentamente. Se sentía intranquilo. No confiaba mucho en aquella relación un tanto platónica; por lo cual había insistido bastante en acompañar a Gretta a su encuentro con Demian.
- Alex, te agradezco la compañía. La verdad estoy un poco nerviosa. - Dijo ella por fin.
- Ni lo menciones. Sabes que lo hago con gusto.
Alex sonrió con gesto amable. Ella clavó su mirada en la de él. Le parecía que era la primera vez que reparaba en el intenso azul de su mirada.
"Cómo es que lo conozco desde hace tanto tiempo y jamás lo había notado?" se preguntó. La mesera interrumpió sus cavilaciones al acercarse para ofrecer mas café.

Demian conducía su automóvil por una de las principales avenidas de la ciudad. Apenas si se concentraba en el camino. Su mente divagaba entre la voz de Gretta y la ansiedad que le producía el encuentro con ella. De repente, las voces se confundían. Los recuerdos de una mala experiencia volvían a aferrarse en su cabeza. Sacudió los malos pensamientos para enfocarse en su amada.
Dio vuelta a la izquierda y estacionó frente a la cafetería.

Gretta vio a través del cristal, un auto estacionando en la acera de enfrente. Su corazón se aceleró.
Alex notó lo que pasaba, llamó a la mesera y pagó la cuenta. Ambos salieron.
Demian bajó del auto y enseguida reconoció a Gretta. Se saludaron un tanto nerviosos; y después de las presentaciones, Alex abrazó a Gretta y le dijo al oído:
- Si me necesitas, solo tienes que llamar.
Ella asintió con la cabeza y él se alejó caminando.

-Y bien, ¿ahora sí me dirás tu nombre, G? - preguntó Demian sonriendo.
Gretta lo miró. Tenía la sensación de haberlo visto antes. Su rostro, su voz, ahora le parecían familiares. Supuso que era porque de alguna manera estarían predestinados el uno para el otro.
- No - contestó - hasta que lleguemos a nuestra cita.
Demian rió.
-De acuerdo, me parece bien - contestó abriendo la puerta del auto e invitándola a subir.
- Tomaremos la autopista - dijo él mientras encendía el motor. - Conozco una zona boscosa no muy lejos de aquí. Te va a gustar.

Durante el camino, la tensión se fue rompiendo, mientras platicaban amenamente de diversos temas. Faltaba poco para llegar, cuando la conversación se tornó algo seria.
- Sabes, G, a decir verdad, solía evitar los días de campo. Pero siento que contigo es diferente.
- ¿Qué pasa? - preguntó ella, en tono irónico - ¿No te agrada estar en contacto con la naturaleza?
- No es eso - contestó reservado - Pasa que me traen malos recuerdos.
La verdad era que a ella también le traían muy malos recuerdos; sin embargo, anhelaba superar todo aquello.
- Me quieres contar? - preguntó Gretta, después de un momento de silencio.
Demian dudó un instante; pero sentía la necesidad imperiosa de ser completamente honesto con ella. La amaba profundamente y lo menos que deseaba era empezar la relación con secretos o mentiras.
- Pues bien; sucedió hace algunos años. Yo era un chiquillo irresponsable, y llevé a mi novia de día de campo. Tuvimos un pequeño altercado en el auto, nos salimos del camino y ella cayó al lago. Murió instantáneamente. - Su voz se quebraba, las imágenes regresaron como si hubiera sido el día anterior.
Gretta se quedó pensativa e intentó conservar la calma.
- ¿Hace cuánto pasó eso? - preguntó temerosa de la respuesta.
- Hará ya unos diez años. Fue en Europa. Estudiábamos en un internado... No sabes cómo me he atormentado por ello. Casi no he tenido un momento de paz desde entonces.
Gretta se sintió desvanecer.
- ¿Quieres orillarte, por favor? no me siento muy bien.- dijo, cerrando los ojos y apoyando la cabeza sobre su mano.
- Claro - contestó el, girando el volante - ¿Estas bien? ¿Que te pasa?
El auto se detuvo y ella respiró profundamente. Después de diez años, por fin había llegado el momento. No podía creer que las cosas hubieran pasado así. Aquella serie de casualidades...Intentaba controlarse pero le era demasiado difícil; se preguntaba por qué tenía que ser él...precisamente él...
Demian la veía cada vez más pálida; y cuando ella empezó a temblar, se preocupó aun más.
- Sabes, creo que lo mejor es regresar para que te vea un médico. No te ves bien, y no podría soportar que algo malo te pasara.
Gretta se volvió hacia él, con la mirada llena de furia.
- ¿Eso le dijiste también a ella? - preguntó enérgica
- ¿A que te refieres? - Demian no entendía lo que pasaba en lo absoluto.
- Debbie. ¿También a ella le dijiste que no soportarías que le pasara algo malo?
Demian se quedó de una pieza. Hacía tanto que no escuchaba mencionar ese nombre. Se había prohibido incluso a sí mismo siquiera pronunciarlo. Quiso hacer muchas preguntas pero se quedó inmóvil, en silencio, sorprendido y a la vez bastante asustado.
- Me preguntaste mi nombre. Pues bien, mi nombre es Gretta. ¿Te dice algo? ¿O también se te olvidó todo el daño que me hiciste, DIEGO?
Él empezaba a atar cabos, su mente era un lío. Sólo atinaba a negar con la cabeza e intentar en vano contener las lágrimas que comenzaban a deslizarse por su rostro. Salió del auto, apresurado. Necesitaba aire fresco, quería despejar sus pensamientos.
- ¿Tú lo planeaste?...- preguntó él - ¡Dime que no lo hiciste! ¡Dime que todo esto que sentimos no fue parte de una venganza tuya!
- ¡Por supuesto que no! ¡Me acabo de enterar de quién eres, al igual que tú!
Diego se acercó a ella y la tomó por los brazos.
- Gretta, tienes que comprender, éramos unos niños...- la soltó bruscamente y se volvió hacia el otro lado, pasando sus manos por la cabeza una y otra vez. Estaba completamente fuera de sí, y ella lo sabía.
- Diego, quiero que me digas exactamente qué fue lo que pasó. Yo sé que no fue un accidente, pudiste engañar a todos, pero sé que hay algo más. Dímelo ahora.
Él guardó silencio. Gretta se puso frente a él, y mirándolo a los ojos le gritó:
- ¡Me lo debes! Por tu culpa mi hermana está muerta; he pasado los últimos diez años preguntándome por qué. ¡Dímelo!
Diego tomó aire. Respiró pausadamente, se sentó en el suelo, y explicó:
- Íbamos por la carretera. Yo conducía y tomaba unas cervezas. Empecé a acelerar. Me pareció divertido, al principio. Pero Debbie se asustó. Me suplicó, me gritó que frenara, pero en lugar de eso, aceleré aun mas. - se cubrió el rostro con las manos, sollozaba y esta vez no hizo intento alguno por contener las lágrimas. Hizo un esfuerzo y continuó.
- Estaba tan alcoholizado...Quería molestarla, asustarla un poco solamente. Tomé mal una curva; iba demasiado rápido. Nos salimos del camino y el auto se estrelló contra un árbol. Y ella...Debbie...tu hermana, salió proyectada hacia el lago...
Gretta escuchaba atenta, y cuanto mas escuchaba mas se llenaba de ira y de rencor.
- ¿Por qué nunca dijiste nada? ¿Por qué fuiste tan cobarde?
- ¡Porque te amaba Gretta! - confesó mirándola de frente - Siempre te amé. Siempre fuiste tú y no ella.
- ¿Qué estas diciendo?- preguntó incrédula - ¿Qué estupideces dices?...si no hacías mas que molestarme, humillarme... ¡Siempre me odiaste y jamás supe por qué! - dijo sentándose frente a él.
- Sí, es verdad. Y lo hacía porque no soportaba la idea de haberme enamorado de ti. No me lo perdonaba, me confundía. Y todo eso lo reflejé hacia ti.
- No entiendo nada. - dijo ella, sintiéndose confusa.
- Gretta, de toda la escuela eras la única que jamás me prestó atención. La única que ni siquiera me miraba, o me miraba desde arriba. Eras inteligente, reservada, un tanto misteriosa. Me enamoré de ti, y Debbie fue solo el medio que encontré para que me notaras....Jamás me imaginé que todo terminaría así...
Gretta se puso de pie. No quería seguir hablando con él. Se sentía asqueada, tan llena de odio como jamás había estado en su vida. Ni siquiera cuando enterró a su hermana.
Comenzó a caminar de regreso a la ciudad. Diego corrió para alcanzarla.
- Espera, no te vayas. Escúchame...
- Creo que ya escuché suficiente.- dijo secamente. - Comprenderás que después de todo esto, nada puede haber entre nosotros. No quiero volver a saber de ti.
- Lo entiendo. - contestó él, en tono muy bajo - Solo quiero que sepas que has sido el único amor de mi vida. Y si no podemos estar juntos, la verdad no le veo sentido a seguir viviendo.
Gretta recobró por completo su firmeza.
- Ese es problema tuyo. - dijo mirándolo fijamente. - créeme que si te mueres, le harías un favor a la humanidad. Y si decides suicidarte, será quizás, la única decisión sensata que hayas tomado en tu vida. Un acto de justicia.
Diego se hizo a un lado y ella siguió su camino. Estaba completamente devastado. Las palabras de Gretta resonaban profundamente. Cada una de ellas haciendo una herida letal.
Al final, decidió que ella tenía razón. Hace diez años, sus padres habían impedido que se hiciera justicia. Ahora ya nada lo detenía.
Y mientras la observaba alejarse en aquella desierta carretera, tomó la decisión más sensata de su vida.

**Aunque parezca increíble, no he contado ahora un cuento; sino un sueño que tuve en una de tantas noches en la cual el subconsciente se regodeó con cada imagen, cada detalle y cada palabra..Una de esas noches en las que la "memoria se transforma en un sueño alucinante..."**

miércoles 22 de octubre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO III

PARTE III DE IV: EL ENCUENTRO


- Gretta...¡Gretta!
El sobresalto la hizo volverse hacia donde provenía la voz que la llamaba.
- Discúlpame, Liz, me distraje - contestó un tanto confundida.
- ¿Qué te pasa?, has estado muy distraía estos días.
- Perdón es que...hoy se cumplen diez años de la muerte de mi hermana y estoy un poco nostálgica.
Gretta se quedó pensativa un momento. ¿En realidad había pasado tanto tiempo? Diez años ya, sin saber a ciencia cierta lo que le pasó a Debbie.
Miró a su alrededor. A sus casi 30 años, tenía más de lo que alguna vez soñó tener: su propio negocio de diseño gráfico, un lindo departamento, buenos amigos, y una imagen muy distinta a aquella chica tímida y regordeta que se escondía detrás de sus anteojos.
- Gretta, escucha, hemos sido amigas, vecinas y ahora hasta socias desde hace muchos años, y a pesar de lo que has logrado, nunca te he visto del todo feliz. ¿Por qué no tratas de olvidar el pasado? Eres una mujer inteligente y muy atractiva. Podrías salir con alguien, por ejemplo, tú sabes que Alex siente algo por ti. ¿Por qué no le das una oportunidad?
Gretta sonrió. Alex era, al igual que Liz, su vecino en el edificio de departamentos. Era un chico inteligente, noble y muy bien parecido. Siempre fue incondicional y ella sabía que él sentía algo más que una simple amistad.
- Sabes, Liz, Alex me gusta, pero no sé si deba...es decir, no estoy segura de poder corresponderle como se merece. Quizás, en otras circunstancias...
- Quizás si no te ataras tanto al pasado, podrías darte la oportunidad con él o con cualquier otro- la interrumpió su amiga, dando un último sorbo a su café y al mismo tiempo incorporándose para salir.
- En fin, mientras tanto, mejor apúrate, tenemos que abrir ya la oficina.
Gretta pagó la cuenta y salieron apresuradas de la cafetería.

***

Gretta trabajaba en su computadora cuando le apareció un pequeño mensaje en la pantalla: "Demian le ha agregado a sus contactos". Ella se intrigó. Se preguntaba quién podría ser. No pudo con la curiosidad y aceptó agregarlo también. Enseguida, se abrió una ventana de conversación.
- Hola - se leyó. - Disculpa, ¿eres Gertrudis?
Gretta sonrió haciendo una mueca de confusión.
- No - escribió ella. - ¿Cómo es que tienes mi correo?
- Perdóname - contestó - estoy metido en un chat (mi primera vez, tú sabes), estaba charlando con una chica y me dio este correo para conversar por aquí.
- Pues te lo ha dado mal - continuó Gretta - Mi nombre empieza con G, pero si fuera Gertrudis, consideraría seriamente cambiarlo por otro.
Demian rió. Sentía cierta atracción por esta nueva amistad. Se sorprendió. Habían sido solo dos o tres palabras y sin embargo, sentía como si la conociera de toda la vida.
- Sabes, G, me caes bien. ¿Qué te parece que aprovechamos esta confusión para conocernos un poco mas?
Gretta lo pensó un poco, recordando las palabras de Liz esa misma mañana. "Darme una oportunidad..." pensó, "¿ Por qué no?".
- Bien, me parece bien.
- Entonces - contestó Demian. - Brindemos por Gertrudis y su error ortográfico, que nos permitieron encontrarnos.
Gretta rió. Hacía mucho que no se sentía tan bien. Charlaron durante un largo rato, sin siquiera decirse sus nombres; ambos estuvieron de acuerdo en que sería mas divertido así.
De regreso en su departamento, Gretta no podía dejar de pensar. Demian era encantador, divertido, educado. Compartía su gusto por la lectura, incluso, el "nickname" lo sacó del personaje central de su libro favorito: "Demian", de Hermann Hesse.
Estando a punto de dormirse, Gretta reparó un segundo en que aquel día empezaban a soltarse las cadenas que la ataban a un pasado incierto. Se sintió más liberada.
"ojalá que nunca pierda esta sensación" pensó, mientras cerraba sus ojos.

***

A medida que pasaban los días, las semanas, a Gretta se le notaba un semblante muy distinto. Se veía más feliz, más desenvuelta y optimista.
Pasaba mucho tiempo en su computadora charlando con Demian. Incluso, intercambiaron números telefónicos y por las noches, ella siempre recibía una llamada de él para desearle un buen descanso. Así pasó un tiempo hasta que un día, Gretta no podía creer lo que leyó en la ventana de conversación:
- G, no vas a creer lo que te voy a decir; jamás pensé que fuera posible, pero a pesar de que nunca te he visto y que ni siquiera sé tu nombre, te has vuelto realmente indispensable en mi vida.
Ella quitó las manos bruscamente del teclado y miraba atónita la pantalla.
- G, te amo. Estoy perdidamente enamorado de ti.- leyó.
Gretta se cubrió el rostro con las manos. No lo podía creer. Sin embargo, ella sentía exactamente lo mismo por él.
- ¿Estás ahí?- preguntó Demian. - ¿o le estoy declarando mi amor a una silla vacía?
- Estoy aquí. - escribió ella, nerviosa. - Es que, me has dejado sin palabras.
Demian se inquietó un poco. "Quizás me equivoqué en decírselo así", pensó. Lo último que quería era que ella se sintiera incómoda y se alejara de él. No podría soportarlo. Después de tanto tiempo había encontrado por fin a la mujer de su vida, y ahora temía tanto perderla....
- Bueno, dime, ¿qué piensas? ¿te molestó lo que te dije? - se atrevió él a preguntar.
- No, claro que no. es que...bueno, yo siento lo mismo por ti - contestó ella, tímidamente, mordiéndose los labios mientras tecleaba su respuesta.
Demian dejó ir un enorme suspiro, sonrió, se levantó y caminó un poco de un lado a otro, mientras cerraba sus ojos y agradecía a Dios por aquel encuentro.
- G, tenemos que vernos. - dijo por fin.
- Sí, está bien, pero, dame un poco de tiempo, ¿de acuerdo?
- Por supuesto, creo que ha sido un tanto sorpresivo para ambos. Hay que digerirlo bien. - contestó él, cauteloso.

***

Alex escuchaba a su amiga con atención, aunque sentía que por dentro algo se desgarraba lentamente. Había seguido de cerca toda esta historia de amor, entre Gretta y su ¿cómo llamarlo?, "¿amigo imaginario?"... No, era real. Muy real. Tanto que la había hecho cambiar de la noche a la mañana. En poco tiempo Demian había logrado lo que él no pudo en tantos años: conquistar el corazón de Gretta.
- Sabes, no quiero echarte a perder tu momento, pero...¿estás segura?...digo, no lo conoces, no sabes ni su nombre ¿cómo puedes saber que no es un delincuente, asesino, violador, estafador o algo por el estilo?
Gretta rió.
- Alex, qué dramático lo pintas. - Cambió la expresión a seriedad absoluta y continuó. - No, nada de eso. Confío en mi intuición. En primer lugar ya estoy grandecita como para dejarme llevar fácilmente; y en segundo lugar, siento como si lo conociera desde siempre. Es difícil de explicar, pero... sé que es el indicado.
Alex guardó silencio. Le dolía en el alma no ser correspondido, pero sabía que lo mejor era dejar las cosas como estaban. Lo importante es que ella fuera feliz. Sin embargo; la desconfianza que sentía era bastante fuerte, de manera que decidió dejar que los acontecimientos se dieran, permaneciendo siempre alerta y sobre todo, muy cerca de ella por si lo necesitaba. Le sonrió, la abrazó fuertemente y le deseó que por fin pudiera ser feliz, mientras contenía el dolor de saberla perdida.

Liz, por su parte, estaba igual de emocionada que Gretta. Era su mejor amiga, y si algo le dolía era verla siempre pensativa, cautelosa, desconfiada. Ahora por fin empezaba a florecer la verdadera Gretta: alegre, espontánea, optimista, ilusionada. Lo veía en su mirada. Sus ojos tenían un brillo muy distinto. Lo único que no le parecía justo era ver a Alex un tanto apesadumbrado. Esperaba que no lo tomara tan mal y confiaba en que el tiempo sabría curar sus heridas. Mientras tanto, animaba a su amiga a seguir adelante y le pedía siempre disipar cualquier duda.
- Libera tu carga ya - le dijo una tarde - Es tiempo de que pienses un poco más en ti misma.
Gretta tomó el consejo, y llamó por teléfono a Demian para concertar una cita.
- ¿Qué te parece si hacemos un picnic? - le preguntó él. - Pienso que sería divertido conocernos rodeados por la naturaleza, después de pasar tanto tiempo encerrados conversando en el chat.
- Me parece bien. ¿El fin de semana, entonces?
- ¡por supuesto! - contestó él, sumamente emocionado - Dime en dónde me esperas y yo paso por ti.
Gretta le dio la dirección de una cafetería cercana a su casa y ambos quedaron de acuerdo en el día y la hora. Demian se sentía ansioso y Gretta no cabía en sí de la felicidad. Por fin se conocerían en persona después de tanto tiempo.
Gretta miraba la fotografía de su hermana. "¿Será él?", pensaba, "¿Será el indicado?". Un viento frío se coló por la ventana semi-abierta de la sala. "Sí, tiene que ser él", sonrió. Volvió la vista hacia el cielo y rogó para que el sábado fuera un día espléndido, mientras cerraba la ventana al ver los negros nubarrones de tormenta que se amontonaban amenazantes en el horizonte.

lunes 6 de octubre de 2008

UNA CUENTA DEL DESTINO II

PARTE II DE IV: AQUELLAS NOCHES DE INSOMNIO

Las voces resonaban como un eco lejano en la cabeza de Gretta. De repente perdió la noción del tiempo. ¿Cuánto habrá pasado así, inmóvil, sentada en la misma silla con la vista fija en aquella pared?...ni ella lo sabía. La realidad la golpeó con fuerza.
- Entonces, Gretta, sabes que todo ha sido un fatal accidente. ¿Tienes algo más que agregar? - preguntó la Directora, deseando con toda el alma que la respuesta fuera negativa para dar por terminado de una vez este embarazoso asunto.
Gretta calló un momento. tomó un poco de aire, e intentó serenarse para no gritarles lo que de verdad pensaba.
- En realidad sí - dijo, volviéndose al oficial de policía que se encontraba también en la habitación. - Discúlpeme, pero no me explico cómo es posible que hayan encontrado el cuerpo de mi hermana en el lago, a varios metros de donde se supone que iría, y me diga que se ahogó porque no supo llegar a la orilla. Perdón, mi hermana era una excelente nadadora; de manera que su teoría del accidente no me cabe en la cabeza...por otra parte, Diego no ha dicho nada; y su automóvil tampoco lo hemos visto por aquí. ¿No cree, oficial, que no despeja todas las dudas al respecto?
La Directora se sentó nuevamente detrás de su escritorio, pensativa. El oficial de policía respiró profundo y se frotó la nuca.

- Señorita - dijo por fin el oficial - es que llevamos casi un mes investigando el caso y todo apunta a que fue un accidente. Quizás su hermana se sintió mal y por eso no pudo llegar a la orilla; los factores son muchos y variados, ¿me comprende?...y el joven Diego, pues está bastante consternado...
- El joven Diego es un cobarde, pero un cobarde influyente, por eso jamás va a dar la cara, y por eso también es que les urge cerrar el caso. - interrumpió Gretta en tono enérgico.
Se levantó y caminó con paso firme hacia la puerta.
-Despreocúpense - dijo sin volverse a mirarlos. - Por mi este caso está cerrado...por mi...lo está.
Dicho esto, tomó la maleta que tenía ya lista en la entrada, y salió apresuradamente, para nunca regresar.

***

Gretta se sumergía en sus recuerdos una y otra vez, intentando darle algún sentido a todo lo que había pasado. Repasaba desde el instante en que vio a su hermana sonriendo, agitando la mano diciéndole adiós, con el viento revolviendo su cabello.
Había un espacio en blanco, pasaba al momento en que le informaban que habían encontrado muerta a Debbie en el lago, cerca de la orilla del prado en el que estaba; y terminaba la memoria en la morgue de la ciudad, reconociendo el cuerpo inerte de su hermana.

"Estaba tan pálida..", pensaba, "no podía creer que fuera ella..."
- Señorita - interrumpió la sobrecargo del avión - ¿Quiere por favor abrochar su cinturón? estamos por aterrizar.

Gretta salió del aeropuerto de Nueva York haciendo una promesa a su hermana y a sí misma. De ahora en adelante, sería quien siempre debió haber sido. Estaba convencida de que la muerte de Debbie no sería en vano; sin embargo, no pensaba malgastar su vida en una venganza sin sentido. Decidió que sería mejor invertir su tiempo en fortalecer su cuerpo, alma y mente.
"Cuando el momento llegue, estaré preparada", se decía a sí misma.

***

Al entrar en el departamento que sería su hogar, sintió un escalofrío. Era un lugar agradable; pequeño, pero tan vacío que lo hacía parecer enorme.
"Tan vacío como yo", pensó Gretta, sintiéndose cada vez mas sola al darse cuenta de que la única familia que tenía se había desvanecido ya; tan fugazmente que apenas si se percató.

Se acercó a mirar la ciudad por la ventana principal; se alegraba de haber podido invertir lo poco que le quedaba de la herencia de sus padres en un lindo lugar para vivir. Definitivamente no era Manhattan, pero se sentía mas tranquila sabiendo que no estaba en el Bronx.

A la mañana siguiente se presentó muy temprano en su trabajo. Su tía, compadeciéndose de la situación, tuvo a bien recomendarla con unos conocidos que tenían una pequeña imprenta. Trabajaría como recepcionista y quizás no ganara demasiado, pero le tranquilizaba pensar que el horario le permitiría cursar una carrera corta. Ese mismo día se inscribió en una escuela para estudiar diseño gráfico, y al anochecer, desahogaba un poco sus complejos en un gimnasio cercano a su casa.


Tenía su vida planeada de manera que no le quedara mucho tiempo libre; pues lo que menos quería era hundirse nuevamente en el pasado; que para ella significaba ir cayendo en un abismo que jamás tiene final.

Aún se estremecía por las noches. A menudo, incluso, escuchaba a lo lejos la voz de Debbie, como en un susurro. Otras veces, percibía su olor, su esencia; tan cercana y estrechamente que casi la podría tocar.

Gretta no creía en fantasmas, pero sí en el poder del subconsciente. Sabía que aquellas sensaciones no eran otra cosa, sino el deseo latente por saber lo que en realidad pasó.
Por más que quisiera intentarlo, no podía dejar todo atrás.

- Debbie, ya no sé que hacer...- musitó a la fotografía de su hermana, en una de tantas noches de desvelo por no poder huir del insomnio que incesantemente se apoderaba de ella. - Intento dejarte ir...realmente quiero hacer mi vida...¿Qué mas que quieres de mi?...

El buen Morfeo por fin reparó en ella; y Gretta se durmió, deseando que esas noches fueran tan cortas, que pasaran en un suspiro.

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